POLIFEMO es el cíclope de la Odisea: pastor, hijo de Poseidón, dueño de una gruta en una tierra sin asamblea y sin ley, y el enemigo por cuya causa el poema dura diez años. ⚠ No es uno de los Cíclopes de la fragua — esos son tres, hijos de Urano, y fabrican el rayo. Este se come a los huéspedes, y lo derrota una palabra. ★★★ Y es la figura de la mitología griega que más ha cambiado de manos: un geógrafo antiguo lee su gruta como el primer peldaño de la civilización humana, una obra de teatro lo pone a argumentar que el vientre es la mayor de las divinidades, y un poeta romano lo sorprende arreglándose la barba con una hoz para agradar a una muchacha.
⚠ Dos tipos de cíclope, y la diferencia importa
Hesíodo tiene tres Cíclopes: Brontes, Estéropes y Arges — hijos de Urano y Gea, herreros, los que dan el rayo a Zeus. Ver Cíclopes y Urano.
★ **Los de la Odisea son otra cosa**, y Homero gasta seis versos en decir exactamente lo que les falta.
«De allí navegamos, con el corazón pesado, y llegamos a la tierra de los Cíclopes, un pueblo arrogante y sin ley, que, confiando en los dioses inmortales, nada planta con las manos ni ara; pero todo les nace sin siembra y sin labranza — trigo, y cebada, y viñas, que dan los ricos racimos del vino, y la lluvia de Zeus las hace crecer. **Ni asambleas de consejo tienen, ni leyes establecidas, sino que habitan en las cumbres de altas montañas, en cavernas profundas, y cada uno es legislador para sus hijos y sus mujeres, y no se preocupan unos de otros.**»
Homero, Odisea 9.105 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
⚠ **Fíjese en lo que la lista no es.** No es una lista de defectos físicos: es una lista de instituciones que faltan — la asamblea, la ley escrita, la labranza, el cuidado de unos por otros. Homero no describe un monstruo; describe una **anti-ciudad**. Y por eso existe el episodio: Ulises, que viene de una pólis, entra en un lugar sin política y casi muere allí dentro.
★★★ Y hay un antiguo que leyó este pasaje como ANTROPOLOGÍA
La lectura de arriba no es moderna. Estrabón, el geógrafo, se la atribuye a **Platón** y la resume así: después de los diluvios, la humanidad habría pasado por etapas, y el poeta guardó un ejemplo de cada una. La primera etapa es la gruta de Polifemo.
«Ahora bien, estas diferencias, según Platón, las sugiere el poeta, **que presenta como ejemplo de la primera etapa de la civilización la vida de los Cíclopes, que vivían de frutos no cultivados y ocupaban las cumbres de los montes, morando en cavernas**: “pero todas estas cosas”, dice él, “les nacen sin siembra y sin labranza”. (...) “Y no tienen asambleas de consejo, ni leyes establecidas, sino que habitan en las cumbres de altas montañas, en cavernas profundas, y cada uno es legislador para sus hijos y sus mujeres.” Y, como ejemplo de la segunda etapa, la vida en tiempos de Dárdano, que fundó Dardania — “pues aún no había sido edificada la sagrada Ilión para ser ciudad de hombres mortales, sino que vivían en las laderas del Ida de muchas fuentes”. Y, de la tercera etapa, la vida en las llanuras, en tiempos de Ilo.»
Estrabón, Geografía 13.1.25 (trad. Horace Leonard Jones, 1924)
★★★ **Es una escalera, y Polifemo es su primer peldaño.** Monte, gruta, fruto que nadie plantó; después la ladera, con Dárdano; después la llanura, con Ilo, y allí ya hay ciudad. El lector antiguo no veía en la gruta un cuento de terror: veía el retrato de lo que los hombres habrían sido antes de tener leyes.
★★ **Y la cosa fue más lejos: el verso de Homero se volvió término técnico de viajero.** Al describir a los pueblos del Cáucaso, Estrabón dice que quienes estuvieron allí usaban la palabra.
«No recibe ni un poco de cuidado y, aun así, *todo les nace sin siembra y sin labranza*, según los que hicieron expediciones a aquellas tierras — **que describen el modo de vida de allí como “ciclópeo”**. En muchos sitios, al menos, dicen ellos, la tierra sembrada una sola vez da dos cosechas, o incluso tres, siendo la primera de cincuenta por uno, y eso sin ser arada entre cosechas; e incluso cuando se ara, no se ara con reja de hierro, sino con un arado de madera al que la naturaleza dio la forma.»
Estrabón, Geografía 11.4.3 (trad. Horace Leonard Jones, 1924)
⚠ **Nótese la cita dentro de la cita.** «Todo les nace sin siembra y sin labranza» es el verso de Homero sobre los Cíclopes, y Estrabón lo pone en boca de exploradores que hablan de gente real, siglos después. La gruta de Polifemo se había convertido en una **unidad de medida** para describir pueblos que no aran.
★★★ Lo que les falta a los cíclopes no es fuerza — es el BARCO
Antes de que el monstruo entre en escena, Homero detiene la narración y hace algo que no hace en ningún otro sitio del poema: **un levantamiento del terreno.** Describe la isla desierta a la puerta de la tierra de los Cíclopes, y explica por qué está vacía.
«Hay una isla llana que se extiende al sesgo, fuera del puerto — ni pegada a la costa de la tierra de los Cíclopes, ni muy mar adentro —, una isla boscosa. En ella viven cabras salvajes sin cuento, porque el pisar de los hombres no las espanta (...). Ni con rebaños está ocupada, ni con tierras aradas: sin sembrar y sin cultivar, todos los días ignora a los hombres, y alimenta a las cabras que balan. **Pues los Cíclopes no tienen a mano naves de mejillas bermejas, ni hay en su tierra constructores navales que les hicieran naos de buenos bancos**, capaces de cumplir todos sus deseos, pasando a las ciudades de otros pueblos, como los hombres cruzan tantas veces el mar en naves para visitarse unos a otros — artesanos, que habrían hecho también de esta isla una hermosa colonia. **Porque la isla no es pobre en modo alguno: daría todas las cosas en su estación.**»
Homero, Odisea 9.125 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★★ **Este es el párrafo más extraño del canto, y el más revelador.** Quien habla es un griego de la época en que las ciudades griegas fundaban colonias por todo el Mediterráneo, y lo que ve al llegar a una tierra desconocida es qué se podía sembrar allí, dónde se podía anclar y cuánto rendiría el suelo. Lo que separa a Ulises de Polifemo no es el valor ni el tamaño — es la **carpintería naval**. El cíclope tiene la isla delante de los ojos y no tiene cómo llegar a ella.
Quién es: hijo de Poseidón, nieto del viejo del mar
Su genealogía no es decoración: es el motor del resto del poema. Aparece ya en el **canto 1**, ocho cantos antes de que él entre en escena, en boca de Zeus explicando por qué Ulises aún no ha llegado a casa.
«Es Poseidón, el que ciñe la tierra, quien está siempre lleno de ira obstinada a causa del Cíclope, a quien Ulises cegó el ojo — el divino Polifemo, cuya fuerza es la mayor de todos los Cíclopes; **y lo engendró la ninfa Toosa, hija de Forcis, que reina sobre el mar sin descanso**, pues en las cavernas profundas se acostó con Poseidón. Desde entonces Poseidón, el que sacude la tierra, no mata a Ulises, pero lo hace andar errante lejos de su tierra natal.»
Homero, Odisea 1.68 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★ **Es nieto de Forcis** — el viejo dios del mar del que descienden las Gorgonas, las Greas y Escila. Por parte de padre es hijo de Poseidón. El monstruo de la gruta es, por las dos familias, gente del mar; y por eso su venganza alcanza a Ulises debajo de la quilla, y no en tierra.
«Y, habiendo dejado el resto de las naves en la isla vecina, puso proa a la tierra de los Cíclopes con una sola nave, y desembarcó con doce compañeros. Y cerca del mar había una gruta, en la que entró, llevando consigo el odre de vino que Marón le había dado. Ahora bien, la gruta pertenecía a Polifemo, que era hijo de Poseidón y de la ninfa Toosa, **un hombre enorme, salvaje, comedor de hombres, con un ojo en la frente**.»
Pseudo-Apolodoro, Epítome 7.4 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
⚠ Quien entra en la gruta sin ser invitado es ULISES
El retrato del dueño de la gruta se hace antes de que aparezca, y se hace por comparación con un paisaje.
«Allí solía dormir un hombre monstruoso, que apacentaba sus rebaños solo y lejos, y no se mezclaba con los demás, sino que vivía aparte, con el corazón puesto en la ausencia de ley. Porque había sido hecho un monstruo asombroso, y **no era como un hombre que vive de pan, sino como un pico boscoso de altas montañas, que se destaca solo, aparte de los demás**.»
Homero, Odisea 9.187 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
⚠ **Y entonces Ulises toma una decisión que el propio narrador condena.** Los compañeros, dentro de la gruta vacía, le piden que se lleve los quesos y los cabritos y se vaya mientras hay tiempo.
«Entonces mis compañeros hablaron y me rogaron, antes que nada, que tomara de los quesos y partiera, y que después llevara deprisa a la nave veloz los cabritos y los corderos de los corrales, y navegara por el agua salada. **Pero no les hice caso — en verdad, habría sido mucho mejor —, para poder ver al hombre mismo y saber si me daría regalos de hospitalidad. Y, tal como salieron las cosas, su aparición no vino a ser alegría ninguna para mis compañeros.**»
Homero, Odisea 9.216 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★★ **«En verdad, habría sido mucho mejor.»** Quien cuenta la historia es el propio Ulises, años después, a la mesa de los feacios — y es él quien escribe, en medio de su propio relato, que seis de sus hombres murieron por curiosidad suya. Los compañeros robaron los quesos y querían huir; quien quiso quedarse a ver al dueño de la casa fue el héroe. Ver Ulises.
★★★ «Somos mucho mejores que ellos» — y lo dice en tres autores y siete siglos
Ulises invoca lo único que debería valer en todas partes: Zeus Xenios, el dios que protege a los huéspedes. La respuesta es la declaración de independencia del cíclope.
«“Vamos, poderosísimo, respeta a los dioses; somos tus suplicantes; y Zeus es el vengador de los suplicantes y de los extranjeros — Zeus, el dios de los extranjeros, que siempre acompaña a los extranjeros dignos de respeto.” Así hablé, y él me respondió enseguida, con corazón despiadado: “Eres un necio, extranjero, o vienes de muy lejos, ya que me mandas temer o evitar a los dioses. **Porque los Cíclopes no hacen caso de Zeus, que lleva la égida, ni de los dioses bienaventurados, puesto que somos mucho mejores que ellos.**”»
Homero, Odisea 9.269 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★★★ **Trescientos años después, Eurípides toma esta negativa y la convierte en un discurso.** *El Cíclope* es la **única pieza satírica completa** que sobrevivió del teatro griego, y va entera sobre este episodio. En ella Polifemo no gruñe: argumenta, con exordio, pruebas y conclusión, como un orador de Atenas.
«**La riqueza, hombrecillo, es el dios de los sabios**; lo demás es fanfarria y palabras bonitas. ¡Al diablo los promontorios junto al mar, donde mi padre se sienta! ¿Para qué has puesto delante estos argumentos?»
Eurípides, El Cíclope 316 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
«**No me estremezco con el trueno de Zeus, ni sé en qué es Zeus un dios más poderoso que yo**, extranjero; es más: no hago caso de él. Oye mis razones. Cuando él descarga la lluvia allá arriba, aquí en esta roca, en un rincón abrigado (...) rivalizo con los truenos de Zeus con mi propia artillería.»
Eurípides, El Cíclope 320 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
«Envuelvo mi carcasa en pieles de animales y enciendo el fuego, ¿y qué me importa la nieve? La tierra, por fuerza, quiera o no quiera, produce hierba y me engorda los rebaños — **que yo no sacrifico a nadie sino a mí mismo**»
Eurípides, El Cíclope 330 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
«**y a este vientre, la mayor de las divinidades**; ¡pero a los dioses, eso no! Porque comer y beber hasta hartarse, un día tras otro, y no darse disgusto ninguno — eso es el rey de los dioses para el hombre sabio. **En cuanto a los legisladores, que se ahorquen**, que solo andan cuadriculando la vida del hombre!»
Eurípides, El Cíclope 335 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
★★★ **Es sátira de Atenas puesta en boca de un monstruo.** «La riqueza es el dios de los sabios», «que se ahorquen los legisladores» — el cíclope de Eurípides habla como las caricaturas que la comedia hacía de los sofistas, y el público se reía de verse en el espejo dentro de una piel de gigante. Ver Dioniso, en cuya fiesta se representó la obra.
★★ **Y en Roma el rasgo se mantiene, ahora con desprecio de aldeano.** Ovidio lo pone a jactarse de su propio tamaño:
«¡Mira qué grande soy! No es mayor que este cuerpo el Júpiter que está en el cielo — **pues vosotros soléis contar que reina no sé qué Júpiter**. Cabello abundantísimo me cae sobre la cara feroz...»
Ovidio, Metamorfosis 13.842-844 (texto latino)
★★★ **Homero, Eurípides y Ovidio no escriben en el mismo siglo, ni en la misma lengua, ni para el mismo público — y los tres le dan exactamente el mismo rasgo**: el cíclope es el que no reconoce a Zeus. Cambia el tono (amenaza, discurso, chanza); la negativa no cambia.
★★★ «Nadie es mi nombre»
El plan de fuga está hecho de dos piezas: una estaca de olivo y un juego de palabras. Y el juego de palabras se entrega con vino.
«Así habló, y otra vez le tendí el vino llameante. Tres veces se lo llevé y se lo di, y tres veces lo apuró, en su locura. Pero cuando el vino ya le rondaba el juicio, entonces le hablé con palabras suaves: “Cíclope, me preguntas mi nombre glorioso, y voy a decírtelo; y tú dame el regalo de huésped, tal como prometiste. **Nadie es mi nombre, Nadie me llaman** — mi madre y mi padre, y todos mis compañeros también.” Así hablé, y él me respondió enseguida, con corazón despiadado: “**A Nadie me lo comeré en último lugar, entre sus compañeros, y a los otros antes; ese será tu regalo.**” (...) Entonces llamó a voces a los Cíclopes, que vivían a su alrededor en cavernas por las alturas ventosas, y ellos oyeron el grito y vinieron de todos lados y, parados alrededor de la gruta, le preguntaron qué tenía: “¿Qué dolor tan grande es el tuyo, Polifemo, para gritar así por la noche inmortal y quitarnos el sueño? ¿Acaso algún hombre mortal te lleva los rebaños contra tu voluntad, o te mata a ti mismo por astucia o por fuerza?” Y desde dentro de la gruta el poderoso Polifemo les respondió: “**Amigos, es Nadie quien me mata por astucia y no por fuerza.**”»
Homero, Odisea 9.366 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★★ **El «regalo de huésped» que le ofrece es ser comido en último lugar.** Ulises había invocado la hospitalidad como ley sagrada; Polifemo acepta la palabra y se la devuelve vaciada. Es la parodia más negra de la institución sobre la que se apoya la épica entera.
★ Y la trampa se cierra sola: los vecinos oyen «Nadie» y se van a dormir. **El arma que derrota al hijo de Poseidón es una ambigüedad gramatical** — y el resumen en prosa más antiguo que tenemos del episodio se la explica al lector, como quien teme que se pierda.
«Pero Ulises encontró allí una clava y, con la ayuda de cuatro compañeros, la afiló y, habiéndola calentado en el fuego, lo cegó. Y cuando Polifemo llamó a gritos a los Cíclopes de alrededor pidiendo socorro, ellos vinieron y preguntaron quién le estaba haciendo daño y, cuando él dijo “Nadie”, **pensaron que quería decir que nadie le hacía daño, y por eso se retiraron.**»
Pseudo-Apolodoro, Epítome 7.7 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
★★★★ Una generación después, la misma broma se le hace EN LA CARA
En Homero, los vecinos son engañados: oyen «Nadie», lo creen y se van. **En Eurípides no hay engaño ninguno — hay burla.** El coro de sátiros que sirve al cíclope conoce el truco y lo usa para atormentarlo mientras sangra.
«...y nos empujó hasta este peñasco del Etna, donde en cavernas solitarias viven los hijos de un solo ojo del dios del océano, los Cíclopes asesinos. Capturados por uno de ellos, somos esclavos en su casa; **Polifemo llaman a aquel a quien servimos**.»
Eurípides, El Cíclope 20 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
«— **Nadie me ha arruinado.** — Entonces al fin y al cabo no hay nadie haciéndote daño.»
Eurípides, El Cíclope 672 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
«— **Nadie me está cegando.** — Entonces no estás ciego.»
Eurípides, El Cíclope 673 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
★★★★ **La diferencia lo es todo.** En la Odisea, el juego de palabras es un arma que funciona porque nadie se da cuenta; en la obra, funciona porque se da cuenta todo el mundo menos él. Lo que en Homero es astucia, aquí es comedia de salón — y la víctima está a tres pasos de quien se está riendo.
«¡Ay de mí! **Es un oráculo antiguo que se cumple**; sí, decía que yo habría de tener el ojo arrancado por ti, en tu camino de vuelta de Troya; pero también predecía que tú habrías de pagar por esto,»
Eurípides, El Cíclope 697 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
«**En cuanto a nosotros, de ahora en adelante seremos siervos de Baco, compartiendo el viaje de este héroe, Ulises.**»
Eurípides, El Cíclope 708 (trad. Edward P. Coleridge, 1891)
⚠ **Y la obra acaba con una liberación que Homero no tiene.** Los sátiros eran esclavos del cíclope; salen de allí hacia el cortejo de Dioniso, que es el lugar del que nunca debieron salir. La tragedia de la tarde acababa con un muerto; esta obra acaba con un amo ciego y un grupo de siervos embarcando.
★★ El carnero — el único lugar en que el poema se compadece de él
Ciego, Polifemo se sienta a la puerta y palpa el lomo de cada animal que sale. No sospecha de los vientres. Y, al llegar al último — su carnero preferido, el que lleva a Ulises agarrado por debajo —, **lo detiene todo y le habla**.
«Y el poderoso Polifemo, palpándole el lomo, le habló así: “Buen carnero, ¿por qué sales de la gruta así, el último del rebaño? No solías quedarte atrás de las ovejas: eras siempre, con mucho, el primero en pacer la flor tierna de la hierba, andando a zancadas largas, y el primero en llegar a las corrientes del río, y el primero en querer volver al redil al atardecer. Pero ahora eres el último de todos. **Seguro que estás apenado por el ojo de tu amo, que un hombre malvado cegó junto con sus miserables compañeros, después de haberme vencido el juicio con vino — Nadie, ese, que todavía no ha escapado a la ruina, te lo digo yo.** Si al menos sintieras como yo y ganaras el habla, para decirme dónde se esconde de mi ira — entonces sus sesos serían aplastados contra el suelo, aquí y allá por la gruta, cuando lo atrapara, y mi corazón quedaría más ligero de los males que este Nadie, que no vale nada, me ha traído.”»
Homero, Odisea 9.447 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★★ **Aquí el comedor de hombres gana algo que el resto del canto le niega: un afecto.** Conoce las costumbres de aquel carnero una por una — la zancada larga, la carrera al río, la prisa por volver al redil — y, ciego, le atribuye **luto**. Y, en el verso siguiente, promete aplastar los sesos de un hombre contra el suelo. El poema no elige entre las dos cosas: le da las dos.
El error que costó diez años
Ya en el mar, a salvo, con los compañeros suplicándole que se calle, Ulises hace lo único que no debía: grita su nombre verdadero.
«“Cíclope, si alguno de los hombres mortales te pregunta por la vergonzosa ceguera de tu ojo, di que quien te lo cegó fue Ulises, el saqueador de ciudades, el hijo de Laertes, que tiene casa en Ítaca.” Así hablé, y él gimió y respondió: “Ay, en verdad una profecía dicha hace mucho tiempo ha caído sobre mí. Vivía aquí un adivino, hombre bueno y alto, Télemo, hijo de Éurimo, que superaba a todos los hombres en adivinación y envejeció como vidente entre los Cíclopes. **Él me dijo que todo esto habría de suceder en los días por venir: que por las manos de Ulises perdería yo la vista. Pero yo siempre esperé que viniera aquí un hombre alto y bien parecido, vestido de gran fuerza — y ahora un hombrecillo, un hombre de nada y un debilucho, me ha cegado el ojo después de vencerme con vino.**”»
Homero, Odisea 9.502 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
⚠ **Es la vanidad deshaciendo el disfraz.** Mientras fue «Nadie», Ulises era invulnerable — una maldición necesita un nombre para saber a quién ir. En el momento en que el nombre se grita, la plegaria del ciego pasa a tener destinatario.
«Así hablé, y él entonces rezó al señor Poseidón, extendiendo las dos manos al cielo estrellado: “Óyeme, Poseidón, tú que ciñes la tierra, dios de cabello oscuro: si de verdad soy tu hijo y tú te declaras mi padre, **haz que Ulises, el saqueador de ciudades, nunca llegue a casa — el hijo de Laertes, que tiene casa en Ítaca. Pero, si es su destino ver a los suyos y llegar a su casa bien construida y a su tierra natal, que llegue tarde y en mala hora, después de perder a todos sus compañeros, en una nave que es de otro; y que encuentre desgracias en su casa.**”»
Homero, Odisea 9.528 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★★ **Léase la plegaria con atención: se cumple entera, punto por punto.** Ulises llega tarde (diez años), llega mal (náufrago), llega sin un solo compañero, llega **en una nave que no es suya** (la de los feacios) y encuentra la casa tomada por los pretendientes. **Toda la Odisea, del canto 9 en adelante, es el cumplimiento de esta lista.** Ver Poseidón.
«Ahora bien, el Cíclope había sido advertido por un adivino de que sería cegado por Ulises; y cuando supo el nombre, **arrancó peñascos y los arrojó al mar, y a duras penas escapó la nave a las piedras. A partir de ahí Poseidón se enojó con Ulises.**»
Pseudo-Apolodoro, Epítome 7.9 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
★★★ El adivino aparece otra vez en Ovidio — y esta vez él se le ríe en la cara
Télemo, hijo de Éurimo, es el vidente que advirtió a Polifemo en Homero. **Ovidio lo va a buscar por el nombre y por el patronímico** y muestra la escena que la Odisea solo cuenta de recuerdo: el momento en que se da el aviso. Y le da un remate que Homero no tenía.
«Entretanto Télemo, llegado al Etna siciliano — Télemo, hijo de Éurimo, a quien ningún ave había engañado jamás —, se acercó al terrible Polifemo y le dijo: “Ese ojo, el único que llevas en medio de la frente, **Ulises te lo ha de quitar**.” Él se rio y respondió: “**Oh el más estúpido de los adivinos, te equivocas: otra ya me lo ha quitado.**” Así desprecia a quien en vano le advertía con verdad.»
Ovidio, Metamorfosis 13.770-775 (texto latino)
★★★★ **La broma es la cosa más cara de la mitología griega.** «Otra ya me lo ha quitado» es la frase de un hombre enamorado: quien le robó el ojo — y el juicio — fue Galatea. Oye la profecía exacta de su castigo y le responde con un juego de palabras de enamorado. En Homero se toma en serio el aviso y solo se equivoca en el retrato del enemigo; en Ovidio, **ni siquiera se lo toma en serio**.
★★★★ El monstruo enamorado — y mientras él ama, nadie muere en el mar
La parte de Polifemo que casi no llega al español es esta. En las *Metamorfosis*, quien cuenta la historia es **Galatea**, la nereida — y la historia es la de un pretendiente que ella no quiso, y la del muchacho que él le mató. El cíclope entra en escena arreglándose.
«Y ya cuidas tu figura, ya te preocupas por agradar; **ya te peinas con un rastrillo, Polifemo, los cabellos duros; ya te apetece recortar con una hoz la barba hirsuta, y mirar en el agua la cara feroz y componerla.**»
Ovidio, Metamorfosis 13.764-767 (texto latino)
★★ **El rastrillo y la hoz no son exageración del traductor: están en el latín** (*rastris*, *falce*). Son las herramientas del campo usadas como peine y como navaja, porque no hay peine ni navaja de su tamaño. Y el verso siguiente es el que nadie cuenta.
«**El amor de la matanza, la ferocidad y la sed inmensa de sangre cesan — y los barcos van y vienen en seguridad.**»
Ovidio, Metamorfosis 13.768-769 (texto latino)
★★★★ **Mientras el cíclope está enamorado, los marineros dejan de morir.** Es lo único en toda la tradición que desarma a Polifemo, y no es una estaca ni un dios: es una muchacha a la que él no le gusta. Ovidio cuenta la pasión por el efecto que tiene en el tráfico marítimo.
«**Más blanca, Galatea, que la hoja de la aligustre nevada**, más florida que los prados, más alta que el aliso largo, más reluciente que el vidrio, más juguetona que un cabrito tierno,»
Ovidio, Metamorfosis 13.789-791 (texto latino)
⚠ La serenata sigue durante decenas de versos y se da la vuelta a mitad: los elogios se acaban y empiezan las quejas, cada vez más duras. Y en medio de ella hay dos pasajes en que él se defiende de sí mismo.
«Una cosa es cierta: yo me conozco. **Me vi hace poco en la imagen del agua clara — y mi figura me agradó al mirarla.**»
Ovidio, Metamorfosis 13.840-841 (texto latino)
★★★ **Es la escena de Narciso con el signo cambiado.** El muchacho más hermoso de Beocia se asoma al agua y muere de lo que ve allí; el comedor de hombres se asoma al agua y **se encuentra bien**. Ovidio escribió las dos escenas en la misma obra, y la segunda es la respuesta cómica a la primera.
«**Tengo un solo ojo en medio de la frente, pero del tamaño de un escudo enorme. ¿Y qué? ¿No ve el gran Sol todas estas cosas desde lo alto del cielo? Y, sin embargo, el Sol tiene un único disco.**»
Ovidio, Metamorfosis 13.851-853 (texto latino)
★★★ **El argumento es bueno, y eso es lo que lo vuelve terrible.** No niega el ojo único: lo compara con el del Sol. Es el único momento de toda la tradición en que Polifemo se explica en vez de rugir — y se está explicando a una mujer que lo escucha escondida, abrazada al muchacho que le gusta.
«El Cíclope lo persigue y arroja un pedazo arrancado del monte; y, aunque solo la punta de aquella mole le alcanzó, **ese ángulo solo sepultó a Acis entero.**»
Ovidio, Metamorfosis 13.882-884 (texto latino)
⚠ Acis, hijo de Fauno y de la ninfa Simetis, es transformado en río debajo de la piedra que lo mata — la sangre que corre bajo la roca se vuelve agua. **La serenata acaba en un homicidio y en un río nuevo en Sicilia**, y quien lo cuenta todo es la mujer por cuya causa sucedió.
★★★ El hombre que los griegos olvidaron en la gruta — y quien lo salvó fue el enemigo
Virgilio hace algo que nadie había hecho: **manda a los troyanos pasar por la misma playa, después de Ulises.** Y encuentra allí a un superviviente que Homero no cuenta.
«**Soy de Ítaca por patria, compañero del infeliz Ulises, y mi nombre es Aquemenides.** Partí hacia Troya teniendo por padre a Adamasto, que era pobre — ¡y ojalá la suerte se hubiera quedado así!»
Virgilio, Eneida 3.613-615 (texto latino)
«**Aquí, mientras huían temblando de aquel umbral cruel, los compañeros se olvidaron de mí y me abandonaron en la gruta enorme del Cíclope.**»
Virgilio, Eneida 3.616-618 (texto latino)
★★★ **`Inmemores socii` — «los compañeros que se olvidaron».** Es la acusación más dura que la Antigüedad hace a la fuga del canto 9: la maniobra de los carneros, que en la Odisea es la obra maestra de la astucia de Ulises, aquí es la escena en que un hombre se queda atrás porque nadie lo contó. Aquemenides pasó tres meses solo en los bosques del Etna, comiendo bayas, escondiéndose del ciego.
«Nosotros, desde allí, apresuramos la huida temblando — **habiendo recibido a bordo a aquel suplicante, que bien lo merecía** — y cortamos la amarra en silencio;»
Virgilio, Eneida 3.666-667 (texto latino)
★★★★ **Quien recoge al griego abandonado son los troyanos**, es decir, los hombres cuya ciudad los griegos acaban de quemar. Virgilio le da a Eneas el gesto que Ulises no tuvo, y usa la palabra que Polifemo había despreciado en la gruta: **suplicante**. La ley de los huéspedes, que el cíclope rechazó y que los compañeros de Ulises no cumplieron, la cumple el enemigo.
★★ El retrato de Virgilio — y las ovejas otra vez
«...el propio pastor Polifemo, moviendo su mole enorme entre el ganado y buscando las playas que conoce — **monstruo horrendo, informe, inmenso, a quien le fue quitada la luz**. Un pino cortado le guía la mano y le afirma los pasos; **las ovejas de lana le hacen compañía — ese es su único placer y el consuelo de su mal.**»
Virgilio, Eneida 3.656-661 (texto latino)
★★★ **La segunda mitad de este retrato es la respuesta de Virgilio al carnero de Homero.** *Ea sola voluptas solamenque mali*: el rebaño es lo único bueno que le queda. Homero le había dado un animal a quien hablar; Virgilio, siete siglos después, hace del rebaño entero su consuelo — y acto seguido lo muestra lavándose la sangre de la cuenca en el agua del mar, rechinando los dientes.
⚠ *Monstrum horrendum, informe, ingens, cui lumen ademptum* es el verso más citado que se ha escrito sobre él — y fíjese en que lo último que dice el verso no es lo que él es, sino **lo que le quitaron**.
★★★ Hay un SEGUNDO Polifemo, y ese es un héroe
⚠ **El nombre no nació en el cíclope.** Homero lo usa en los dos poemas, y en la Ilíada no es de ningún monstruo: es de uno de los mayores guerreros que existieron, en la lista que Néstor recita para avergonzar a Agamenón y a Aquiles.
«Guerreros como aquellos no he vuelto a ver, ni volveré: Pirítoo, y Driante, pastor de pueblos, **y Ceneo, y Exadio, y el divino Polifemo**, y Teseo, hijo de Egeo, hombre semejante a los inmortales. Fueron los más fuertes de los hombres criados sobre la tierra; los más fuertes eran, y con los más fuertes combatieron — los centauros que viven en los montes — y los destruyeron terriblemente.»
Homero, Ilíada 1.263 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)
★★★ **Este Polifemo es un lapita**, compañero de Pirítoo y de Teseo, y lo que hace para entrar en la lista es **matar monstruos**: es de los que combatieron a los centauros en la boda de Pirítoo. El nombre que la Odisea le da al comedor de hombres pertenecía, en el mismo poeta, a un cazador de hombres-fiera.
«Y en la Ilíada hizo que Néstor aconsejara a Agamenón y a Aquiles, diciendo, entre otros, estos versos: “Hombres así no he visto, ni es probable que vea, como fueron Pirítoo, Driante, pastor de pueblos, **Ceneo, Exadio, el divino Polifemo**, y Teseo, hijo de Egeo, semejante a los inmortales.”»
Pausanias, Descripción de Grecia 10.29.10 (trad. W.H.S. Jones, 1918)
★★ Y tiene una biografía entera fuera de Homero: **fue argonauta, y se quedó atrás en Misia** — por haber sido el único en oír el grito de Hilas.
«Allí dejaron a Heracles y a Polifemo. Pues Hilas, hijo de Tiodamante, protegido de Heracles, había sido enviado a buscar agua y fue arrebatado por las ninfas a causa de su belleza. **Pero Polifemo lo oyó gritar y, desenvainando la espada, salió tras él, creyendo que se lo llevaban unos ladrones.** Encontrándose con Heracles, se lo contó; y mientras los dos buscaban a Hilas, la nave se hizo a la mar. **Así, Polifemo fundó una ciudad, Cío, en Misia, y reinó como rey**; pero Heracles volvió a Argos.»
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 1.9.19 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
★★★ **Póngase a los dos uno al lado del otro.** Uno vive solo en una gruta, no conoce asamblea ni ley y se come a los huéspedes; el otro navega con Jasón y con Heracles, oye gritar a un compañero, corre a socorrerlo, pierde el barco por eso y **funda una ciudad**. Tienen el mismo nombre, aparecen en el mismo poeta y son exactamente lo contrario el uno del otro.