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Hera

18 min de lectura3 citas de fuente clásica

Resumen: HERA era la reina olímpica de los dioses y la diosa del matrimonio, de las mujeres, del cielo y de las estrellas del cielo. Por lo general se la representaba como una mujer hermosa que llevaba una corona y sostenía un cetro real rematado en flor de loto, y a veces acompañada por un león, un cuco o un halcón.

Hera entronizada, skyphos de figuras vermelhas atenienses C5 aC, Museu de Arte de Toledo

Hera, soberana del Olimpo y reina de los dioses en la mitología griega, surge como una figura majestuosa y compleja, cuya presencia trasciende los mitos y las epopeyas de la Antigüedad. Hija de Cronos y Rea, Hera personifica la divinidad del matrimonio, gobierna con autoridad e impone su majestad sobre dioses y mortales. Su nombre, en griego antiguo, resuena como una oda a la realeza, una diosa que se yergue con dignidad y elegancia en la esfera celestial.

En los versos homéricos, Hera aparece descrita con una diadema real que le adorna la frente, símbolo de su posición como principal consorte de Zeus. El pavo real, con sus plumas iridiscentes, es su compañero, y sus alas se despliegan como un abanico de majestad, haciendo eco de su grandeza divina. Como diosa del matrimonio, ella personifica la unión sagrada, inspira las ceremonias nupciales y garantiza la estabilidad de las relaciones matrimoniales.

Entretejida en la trama mitológica, Hera es una protagonista de las epopeyas griegas. Su papel en la "Ilíada" de Homero revela su influencia en el relato de la Guerra de Troya, donde su ira ante el juicio de Paris desencadena los hechos que moldean el destino de los héroes y de la ciudad sitiada. Sus sentimientos complejos, desde los celos hasta la compasión, se dejan ver como rayos de luz y de sombra sobre el escenario mitológico.

La literatura clásica, impregnada de la riqueza de la mitología, le concede a Hera un lugar central en las obras de poetas como Hesíodo y Píndaro. Sus rasgos, muchas veces descritos con detalle poético, evocan a una deidad de belleza austera, cuya mirada escrutadora trasciende el Olimpo y se hunde en los corazones humanos.

En las fiestas y los rituales de la Grecia Antigua, Hera era honrada, sobre todo en el Templo de Hera en Olimpia, donde la grandiosidad de su estatua esculpida hacía eco de su lugar como una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Los himnos entonados en su honor resonaban como suaves murmullos de las plegarias que buscaban su protección y su bendición, especialmente durante el Festival de Heraia, donde la feminidad y la fuerza se celebraban en su gloria.

En suma, Hera, con su imponencia divina y sus matices emocionales, trasciende los contornos de la mitología griega y permanece como una diosa cuya presencia está entretejida en los tapices de la cultura clásica, donde su majestad y su complejidad perduran como testimonios atemporales de la rica mitología helénica.

El relato mitológico de Hera se despliega como una epopeya divina y revela no solo su majestad y su complejidad emocional, sino también su papel vital en los acontecimientos cósmicos. El pavo real, su símbolo icónico, dibuja constelaciones de mitos en sus plumas centelleantes, y cada una cuenta una historia de desafíos y triunfos.

En los salones del Olimpo, Hera es más que una consorte celestial: es una fuerza que hay que reconocer. Sus celos, a veces retratados en tono trágico, desencadenan episodios que resuenan en las tierras de los mortales. Sin embargo, es esa misma pasión la que la vuelve una diosa compleja, con matices de compasión y de poder maternal.

La mitología griega nos revela a Hera como una diosa que trasciende el mito de los celos, y destaca su papel de madre. Hebe, la diosa de la juventud, y Ares, el impetuoso dios de la guerra, son sus hijos, moldeados por su influencia maternal. Hefesto, el hábil herrero divino, también es fruto de su maternidad, un testimonio de su aporte al panteón olímpico.

Más allá de los versos homéricos, poetas como Hesíodo destacan la belleza inmortal de Hera, sus ojos que capturan la luz del cielo y la imponencia de su presencia. En cada línea poética ella es exaltada, y sus atributos se describen con una elocuencia que trasciende los siglos. En la "Teogonía" de Hesíodo, Hera surge como una diosa formidable, una consorte celestial cuya influencia resuena a través de las eras.

Con todo, Hera no se limita a las hazañas épicas. Su presencia se siente en los detalles cotidianos de la vida griega antigua. En los altares y templos dedicados a ella, como el majestuoso Templo de Hera en Argos, los devotos buscaban su benevolencia para bendecir las uniones matrimoniales y garantizar la estabilidad familiar. El Festival de Heraia en Olimpia, con sus competencias atléticas exclusivamente para mujeres, es un testimonio de la conexión de Hera con la feminidad y con la fuerza de las mujeres.

En el terreno artístico, escultores como Fidias eternizaron su imagen en mármol, y capturaron no solo su divinidad, sino también la esencia de una diosa que camina entre los mortales, que guía, desafía e inspira. Así, Hera persiste no solo en las páginas de la mitología, sino en las expresiones artísticas y en los rituales que honran su grandiosidad.

En cada línea de poesía, en cada plegaria susurrada en su nombre, Hera permanece como una divinidad cuyo legado trasciende los límites del mito, con su majestad y su complejidad resonando a través de los tiempos, como un eco de las eras doradas de la Grecia Antigua.

El mito de Hera se extiende más allá de las hazañas épicas y de los rituales religiosos, y abarca una riqueza de historias que revelan su complejidad y su influencia en todos los aspectos de la mitología griega.

Participación en la Guerra de Troya

La participación de Hera en la Guerra de Troya es un capítulo importante. Su rencor contra Troya empezó con el juicio de Paris, en el que él eligió a Afrodita como la diosa más bella, en desmedro de Hera y de Atenea. Ese hecho desencadenó su hostilidad contra la ciudad y contribuyó a la tragedia que se desplegó durante la guerra.

En momentos cruciales, Hera busca perjudicar a los troyanos. Su apoyo a los griegos es evidente, pero también expresa su deseo de ver Troya en ruinas. Su intervención, junto con la de otros dioses, moldea el destino de los héroes y el de la ciudad que desafía la voluntad divina.

La transformación de Ío

La historia de Ío, amante de Zeus, destaca la habilidad de Hera para castigar a quienes desafían su matrimonio. Al descubrir la infidelidad de Zeus, ella transforma a Ío en una novilla. La persecución de Ío, bajo forma bovina, por un insecto enviado por Hera simboliza la persistencia de la venganza de la diosa.

Los Trabajos de Heracles

Hera desempeña un papel destacado en los trabajos impuestos a Heracles como castigo por su vínculo con Zeus. Su hostilidad hacia el semidiós es evidente, y ella se esfuerza por dificultarle las tareas. Con todo, Heracles termina siendo reconocido entre los dioses, y la relación entre él y Hera se convierte en una dinámica más compleja.

Hera, protectora de Argos

Argos, una ciudad en la que Hera es particularmente venerada, muestra su influencia regional. El Templo de Hera en Argos, dedicado a la diosa, servía como centro de culto. Su vínculo con la ciudad ilustra cómo las divinidades se incorporaban a la vida cotidiana de las comunidades antiguas, y ofrecían protección y orientación espiritual.

Hera en los mitos menores

Más allá de los grandes mitos, Hera aparece en varias historias menores y leyendas locales. Su presencia se encuentra en mitos que exploran aspectos específicos de su personalidad, como su capacidad de curar y de conceder fertilidad, o su relación con figuras míticas menos conocidas.

El legado de Hera en el arte y la literatura

La influencia de Hera trasciende la mitología y se manifiesta en el arte y en la literatura a lo largo de los siglos. Artistas de renombre como Fidias la retrataron en esculturas, mientras que poetas y dramaturgos siguieron explorando sus complejidades. Su figura se incorporó a obras del teatro griego, y simbolizó temas de poder, celos e intriga divina.

La continuidad de Hera en la cultura contemporánea

La influencia de Hera resuena más allá de los tiempos antiguos y permea la cultura contemporánea. Su presencia se siente de muchas formas, desde representaciones artísticas en museos hasta adaptaciones modernas de sus mitos en la literatura, el cine y otras formas de entretenimiento.

Así, Hera sigue trascendiendo el mero mito y se mantiene viva en la imaginación humana como una diosa que personifica no solo los aspectos majestuosos del Olimpo, sino también las complejidades de las emociones humanas. Su historia es un tapiz rico que se desenrolla a través de los siglos, un relato que resuena tanto en el ámbito divino como en el humano.

Padres

[1.1] CRONOS Y REA (Homero Ilíada 15.187, Hesíodo Teogonia 453, Apolodoro 1.4, Diodoro Sículo 5.68.1, et al)

Hijos

[1.1] HEBE, ARES, ILITÍA (de Zeus) (Hesiod Theogony 921, Apollodorus 1.13, Hyginus Preface)

[1.2] ARES (de Zeus) (Homer Iliad 5.699, Aeschylus Frag 282, Pausanias 2.14.3)

[1.3] ARES (sin padre) (Ovid Fasti 5.229)

[1.4] HEBE (de Zeus) (Homer Odyssey 11.601, Pindar Isthmian Ode 4, Pausanias 2.13.3, Aelian On Animals 17.46)

[1.5] ILITÍA (Homer Iliad 11.270, Pindar Nemean Ode 7, Pausanias 1.18.5, Diodorus Siculus 4.9.4, Aelian On Animals 7.15, Nonnus Dionysiaca 48.794)

[2.1] HEPHAISTOS (sin padre) (Hesiod Theogony 927, Homeric Hymn 3.310, Apollodorus 1.19, Pausanias 1.20.3, Hyginus Pref)

[2.2] HEPHAISTOS (de Zeus) (Apolodorus 1.19, Cicero De Natura Deorum 3.22)

Una diosa que no vino de Egipto

HERA (Hêra o Hêrê), probablemente idéntica a kera, amante, así como su marido, Zeus, era llamado erros en el dialecto eolio (Hesych. sv ). La derivación del nombre se intentó de varias maneras, tanto desde raíces griegas como orientales, aunque no hay razón para recurrir a estas últimas, pues Hera es una divinidad puramente griega y una de las pocas que, según Heródoto (ii. 50), no fueron introducidos en Grecia desde Egipto.

¿La hija mayor? Depende de quién lo cuente

Hera era, de acuerdo con algunos relatos, la hija mayor de Cronos y Rea, y una hermana de Zeus. (Hom. Il. xvi. 432; comp. iv. 58; Ov. Fast. vi. 29.) Apolodoro (i. 1, § 5), sin embargo, llama a Hestia la hija mayor de Cronos; y Lactantius (i. 14) la llama hermana gemela de Zeus. De acuerdo con los poemas homéricos ( Il. xiv. 201, etc.), ella fue criada por Océano y Tetis, pues Zeus usurpó el trono de Cronos; y después se volvió la esposa de Zeus, sin que sus padres lo supieran. Este relato simple se modifica de varias maneras en otras tradiciones.

Tragada por Cronos, y criada por Océano

Siendo hija de Cronos, ella, como sus otros hijos, fue tragada por su padre, pero después liberada (Apollod. lc ), y, de acuerdo con una tradición arcadia, fue criada por Temenus, hijo de Pelasgus. (Paus. VIII. 22. § 2; August. de Civ. Dei, vi. 10.) Los argivos, por su parte, contaron que ella había sido criada por Eubea, Prosymna y Acraea, las tres hijas del río Asterion (Paus. ii. 7. § 1, etc.; Plut. Sympos. iii. 9); y de acuerdo con Olen, las Horae eran sus nodrizas. (Paus. ii. 13. § 3.) Varias partes de Grecia también reclamaron el honor de ser su lugar de nacimiento; entre ellas están dos, Argos y Samos, que eran las principales sedes de su culto. (Strab. p. 413; Paus. vii. 4. § 7; Apollon. Rhod. i. 187.)

El matrimonio con Zeus, y las versiones que hay de él

Su matrimonio con Zeus también ofreció amplio espacio para la invención poética (Theocrit. xvii. 131, etc.), y varios lugares de Grecia reclamaron el honor de haber sido el escenario de la boda, como Eubea (Steph. Byz. sv Karustos) , Samos (Lactant. de Fals. Relig. i. 17), Cnossus en Creta (Diod. v. 72) y el Monte Thornax, en el sur de la Argólide. (Schol. ad Theocrit. xv. 64; Paus. ii. 17. § 4, 36. § 2.) Este matrimonio desempeña un papel destacado en el culto a Hera bajo el nombre de hieros gamos; en aquella ocasión todos los dioses honraron a la novia con regalos, y Gea le obsequió un árbol con manzanas doradas, que era vigilado por las Hespérides en el jardín de Hera, al pie del Atlas Hiperbóreo. (Apollod. ii. 5. § 11; Serv. ad Aen.4. 484.)

Los poemas homéricos nada saben de todo esto, y solo oímos decir que, tras el matrimonio con Zeus, ella fue tratada por los dioses del Olimpo con la misma reverencia que su marido. ( Il.xv. 85, etc.; comp. eu. 532, etc., iv. 60, etc.) El propio Zeus, de acuerdo con Homero, escuchaba sus consejos y le comunicaba a ella sus secretos, y no a los otros dioses (xvi. 458, i. 547). Hera también se considera con derecho a censurar a Zeus cuando él consulta a otros sin que ella lo sepa (i. 540, etc.); pero ella es, no obstante, muy inferior a él en poder; debe obedecerle incondicionalmente y, como los otros dioses, es castigada por él cuando lo ofende (iv. 56, viii. 427, 463).

¿Reina de los dioses? No exactamente

Hera, por lo tanto, no es, como Zeus, la reina de los dioses y de los hombres, sino simplemente la esposa del dios supremo. La idea de que ella sea la reina del cielo, con riqueza y poder reales, es de fecha muy posterior. (Hygin. Fab. 92; Ov. Fast. vi. 27, Heroid. xvi. 81; Eustath.anúncio Hom. pág. 81.) Hay un solo punto en el que los poemas homéricos representan a Hera como poseedora de un poder semejante al de Zeus, viz. ella es capaz de conferir el poder de la profecía (xix. 407). Pero esa idea no se desarrolla más en tiempos posteriores. (Comp. Strab. P. 380; Apollon. Rhod. iii. 931.)

Su carácter, tal como lo describe Homero, no es de los más amables, y sus rasgos principales son los celos, la obstinación y un temperamento pendenciero, que a veces hace temblar a su propio marido (i. 522, 536, 561, v. 892. ) De ahí surgen disputas frecuentes entre Hera y Zeus; y en una ocasión Hera, junto con Poseidón y Atenea, pensó en encadenar a Zeus (viii. 408, i. 399). Zeus, en esos casos, no solo la amenaza, sino que le pega; y una vez incluso la colgó de las nubes, con las manos encadenadas y con dos yunques suspendidos de sus pies (viii. 400, etc., 477, xv. 17, etc.; Eustath. ad Hom.pág. 1003).

Por eso ella se asusta con las amenazas de él y cede cuando está enojado; y cuando no logra sus fines de ninguna otra manera, recurre a la astucia y a la intriga (xix. 97). Así, le pidió prestado a Afrodita el cinturón, el dador de encanto y fascinación, para excitar el amor de Zeus (xiv. 215, etc.). De Zeus ella fue madre de Ares, Hebe y Hefesto (v. 896, Od. xi. 604, Il. i. 585; Hes. Theog. 921, etc.; Apollod. i. 3. § 1.) Respecto de las diferentes tradiciones sobre el nacimiento de estas tres divinidades, véanse los artículos separados.

La única casada del Olimpo

Propiamente hablando, Hera era la única diosa realmente casada entre los olímpicos, pues el matrimonio de Afrodita con Ares difícilmente puede tomarse en cuenta; y, por lo tanto, ella es la diosa del matrimonio y del nacimiento de los hijos. Varios epítetos y sobrenombres, como Eileithuia, Gamelia, Zugia, Teleia, etc., contienen alusiones a ese carácter de la diosa, y las Ilitías se describen como sus hijas. (Hom. Il. xi. 271, xix. 118.) Su atuendo se describe en la Ilíada (xiv. 170, etc.); ella iba en un carro tirado por dos caballos, a los que Hebe y las Horae la ayudaban a enjaezar y a desenjaezar (iv. 27, v. 720, etc., viii. 382, 433). Sus lugares favoritos en la tierra eran Argos, Esparta y Micenas (iv. 51).

Hera en la guerra de Troya

Debido al juicio de Paris, ella era hostil a los troyanos y, en la guerra de Troya, se puso del lado de los griegos (ii. 15, iv. 21, etc., xxiv. 519, etc.). Por eso convenció a Helios de hundirse en las olas del Océano el día en que cayó Patroclo (xviii. 239). En la Ilíada aparece como enemiga de Heracles, pero es herida por sus flechas (v. 392, xviii. 118), y en la Odisea se la describe como la que apoya a Jasón. Es imposible enumerar aquí todos los hechos de la historia mítica en los que Hera desempeña un papel más o menos destacado; y el lector debe remitirse a las divinidades o héroes particulares con cuya historia ella está conectada.

Dónde se la adoraba

Hera tenía santuarios y era adorada en muchas partes de Grecia, muchas veces en común con Zeus. Su culto puede rastrearse hasta los tiempos más antiguos: así encontramos a Hera, de sobrenombre Pelasgis, adorada en Iolcos. Pero el principal lugar de su culto era Argos, de ahí el nombre de dôma Hêras. (Pind. Nem. x. imt.; comp. Aeschyl. Supl.297.)

De acuerdo con la tradición, Hera había disputado la posesión de Argos con Poseidón, pero los dioses del río del país se la adjudicaron a ella. (Paus. ii. 15. § 5.) Su santuario más famoso estaba situado entre Argos y Micenas, al pie del Monte Eubea. El vestíbulo del templo contenía estatuas antiguas de las Charites, la cama de Hera y un escudo que Menelao le había quitado a Euphorbus en Troya.

La colosal estatua de Hera sentada en este templo, hecha de oro y marfil, fue obra de Policleto. Ella llevaba una corona en la cabeza, adornada con las Charites y las Horae; en una de las manos sostenía una granada y en la otra un cetro con un cuco en lo alto. (Paus. ii. 17, 22; Strab. p. 373; Stat. Theb. i. 383.) Respecto de la gran fiesta quinquenal celebrada para ella en Argos, veaditado de formiga. sv Hêraia. Su culto era muy antiguo también en Corinto (Paus. ii. 24, 1, etc.; Apollod. I. 9. § 28), Esparta (iii. 13. § 6, 15. § 7), en Samos (Herod. iii. 60; Paus. vii. 4. § 4; Strab. p. 637), en Sicyon (Paus. ii. 11. § 2), Olympia (v. 15. § 7, etc.), Epidauro (Thuc. v. 75; Paus. ii. 29. § 1), Heraea en Arcadia (Paus. VIII. 26. § 2) y muchos otros lugares.

Lo que Hera significaba para los antiguos

Respecto del significado real de Hera, los propios antiguos ofrecen varias interpretaciones: unos la consideraban la personificación de la atmósfera (Serv. ad Aen. i. 51), otros la reina del cielo o la diosa de las estrellas (Eurip. Helen . 1097), o la diosa de la luna (Plut. Queest. Rom. 74), y hasta se la confunde con Ceres, Diana y Proserpina. (Serv. ad Virg. Georg. i. 5). De acuerdo con las visiones modernas, Hera es la gran diosa de la naturaleza, que fue adorada en todas partes desde los tiempos más antiguos. Los romanos identificaron a su diosa Juno con la griega Hera

Hera en las obras de arte

Todavía conservamos varias representaciones de Hera. La imagen más noble, y la que después se consideró el ideal de la diosa, fue la estatua de Policleto. Por lo general se la representaba como una mujer majestuosa en edad madura, con una frente hermosa, ojos grandes y bien abiertos y una expresión grave que inspiraba reverencia. Su cabello estaba adornado con una corona o diadema. Un velo cuelga con frecuencia detrás de su cabeza, para caracterizarla como la novia de Zeus, y, de hecho, la diadema, el velo, el cetro y el pavo real son sus atributos comunes. Todavía existen varias estatuas y cabezas de Hera.

Fuente: Diccionario de Biografía y Mitología Griega y Romana.

Los himnos cantados a Hera

I) Los Himnos Homéricos

"Canto a Hera de trono dorado, a la que dio a luz Rea. Reina de los Inmortales es ella, superándolo todo en belleza: es la hermana y esposa del tronante Zeus, el glorioso a quien todos los bienaventurados por el alto Olimpo reverencian y honran igual que a Zeus, el que se deleita con el trueno."

Himno homérico 12 a Hera (trad. Evelyn-White) (épica griega s. VII a s. IV a. C.)

II) Los Himnos Órficos

"Oh Hera real, de apariencia majestuosa, de forma aérea, divina, reina bendita de Zeus, entronizada en el seno del aire cerúleo, la raza De los mortales es tu cuidado constante. Los vendavales refrescantes que solo ellos inspiran, que nutren la vida, que toda vida desea. Madre de lluvias y de vientos, solo de ti, que todas las cosas produces, se conoce la vida mortal: todas las naturalezas comparten tu temperamento divino, y el dominio universal solo es tuyo, con ráfagas sonoras de viento, el mar agitado y los ríos que ruedan rugen cuando tú los sacudes. Ven, Diosa bendita, famosa reina todopoderosa, con aspecto bondadoso, regocijante y serena."

Himno órfico 16 a Hera (trad. Taylor) (himnos griegos s. III a. C. a s. II d. C.)

Descripciones físicas de Hera

La literatura clásica ofrece apenas unas pocas descripciones breves de los rasgos físicos de los dioses.

"[De una descripción de una pintura griega:] Tres diosas de pie cerca de ellas - no necesitan intérprete para decir quiénes son... la tercero es Hera, su dignidad y majestad de forma declarada."

Philostratus the Younger, Imagines 8 (trad. Fairbanks) (retórico griego s. III d. C.)

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