JASÓN es el héroe que llega calzado de un solo pie. El oráculo le había advertido a Pelias que desconfiara del hombre con una sandalia, y Jasón pierde la otra cruzando un río camino de un sacrificio — sin saber nada, sin intención alguna. De ahí sale el viaje del Argo, la búsqueda del vellocino de oro y la alianza con Medea, que es al mismo tiempo la razón de que él venza y la razón de que acabe mal.
La sandalia
El oráculo dado a Pelias no nombra a nadie: describe una señal. Y la señal es tan banal que solo tiene sentido después — lo que es la firma del oráculo griego.
Pero cuando Pelias consultó el oráculo acerca del reino, el dios le advirtió que desconfiara del hombre con una sola sandalia. Al principio el rey no entendió el oráculo, pero después lo comprendió. Pues, cuando ofrecía junto al mar un sacrificio a Poseidón, mandó llamar a Jasón, entre muchos otros, para que participara de él. Ahora bien, a Jasón le gustaba la labranza y por eso vivía en el campo, pero se apresuró hacia el sacrificio; y, al cruzar el río Anauro, perdió una sandalia en la corriente y llegó con una sola.
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 1.9.16 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
Es la misma máquina de Perseo y de Edipo: el rey quiere defenderse de una frase y, al defenderse, monta el escenario en que la frase se cumple. Pelias entonces manda a Jasón a buscar el vellocino de oro — una misión pensada para no tener vuelta.
Los toros de bronce y los dientes del dragón
Al llegar a la Cólquide, Jasón pide el vellocino y recibe una condición — que no es un combate, es una jornada de trabajo agrícola imposible.
El otro prometió dárselo si él, solo, uncía los toros de patas de bronce. Eran dos toros salvajes que tenía, de tamaño enorme, regalo de Hefesto; tenían patas de bronce y echaban fuego por la boca. A estas criaturas le ordenó Eetes uncir y sembrar dientes de dragón.
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 1.9.23 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
Fíjense en el detalle que guarda Apolodoro: los dientes de dragón son la mitad de los que Cadmo sembró en Tebas, dados por Atenea. La mitología griega es una economía cerrada — el material de un mito es el sobrante de otro.
Quien resuelve la prueba es Medea, con un ungüento que lo vuelve invulnerable por un día. Quien hace dormir al dragón es Medea. Quien mata a su propio hermano para retrasar la persecución es Medea. Jasón manda la nave; la hazaña es de ella.
★ El final que nadie cuenta: Corinto, diez años después
La Argonáutica termina bien, y por eso casi todo resumen se detiene ahí. Apolodoro no se detiene — y lo que viene enseguida es la parte más conocida del matrimonio y la menos contada de la vida de Jasón.
Fueron a Corinto y vivieron allí felices durante diez años, hasta que Creonte, rey de Corinto, prometió a su hija Glauce a Jasón, el cual se casó con ella y repudió a Medea.
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 1.9.28 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
★ **«Diez años felices.»** Ninguna tragedia lo menciona, y eso cambia la lectura de la obra entera: lo que Eurípides pone en escena no es un matrimonio fracasado, es un matrimonio bueno deshecho por conveniencia política.
Y lo primero que hace Medea no es venganza: es **invocar a los dioses por los cuales Jasón había jurado**. Ella abre un proceso antes de abrir una guerra.
La venganza, y el carro del Sol
Lo que viene enseguida Apolodoro lo cuenta con la misma frase administrativa con que cuenta todo lo demás — y es por eso que duele.
Pero ella invocó a los dioses por los cuales Jasón había jurado y, después de reprocharle muchas veces la ingratitud, le envió a la novia un manto empapado en veneno, que, cuando Glauce se lo puso, la consumió en fuego violento, junto con su padre, que acudió a socorrerla.
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 1.9.28 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
Después mata a los dos hijos que tuvo con Jasón, y huye en un carro tirado por dragones alados — **prestado por el Sol, que es su abuelo**. Ver Helios.
⚠ Y enseguida Apolodoro da la versión alternativa, que es la más antigua y la más incómoda: Medea **dejó** a los niños, todavía bebés, como suplicantes en el altar de Hera del Alto, y **fueron los corintios quienes los hirieron de muerte.** La tradición de que la madre los mató puede ser invención de Eurípides — y la de que lo hizo la ciudad puede ser lo que la ciudad quiso olvidar.