PERSÉFONE era la hija de Zeus y de Deméter, y la reina de los muertos. Ninguna otra divinidad griega tiene una biografía partida en dos de ese modo: antes del rapto es la muchacha que junta flores, llamada simplemente Coré, «la hija»; después de él es la soberana temible que ejecuta, junto a su marido, las maldiciones que los vivos lanzan sobre los muertos. Lo que une las dos mitades es un acuerdo — ella pasa parte del año abajo y parte arriba —, y de ese acuerdo los griegos hicieron la explicación del invierno y de la primavera.
La hija de Deméter
Hesíodo registra el nacimiento y el rapto en la misma línea, y la economía es reveladora: para la Teogonía, Perséfone es desde el comienzo aquella que fue llevada. Y hay un detalle que la poesía posterior tratará como escándalo y que aquí aparece sin comentario — quien la entregó fue su propio padre.
Vino también al lecho de Deméter, que todo lo nutre, y ella dio a luz a Perséfone de blancos brazos, a quien Aidoneo arrebató de su madre; pero fue el prudente Zeus quien se la dio.
Hesíodo, Teogonía 912 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
El Himno Homérico a Deméter — el poema que la Antigüedad dedicó a esta historia — abre por el mismo pliegue, anunciando a las dos de una vez: la madre y la hija, y el verbo que separa a una de la otra.
Empiezo a cantar a Deméter de hermosos cabellos, diosa terrible — a ella y a su hija de tobillos delicados, a quien Aidoneo arrebató, dada a él por Zeus que todo lo ve y truena alto.
Himno homérico 2, a Deméter 1 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
El rapto en la llanura de Nisa
El himno cuenta el rapto como una trampa, y el señuelo es una flor: un narciso de cien cabezas, hecho crecer allí a propósito. Perséfone extiende las dos manos para juntarlo, y es en ese gesto que la tierra se abre.
Y la muchacha se maravilló y extendió las dos manos para tomar el hermoso juguete; pero la tierra de anchos caminos se abrió de par en par allí, en la llanura de Nisa, y el señor, el Hospedero de Muchos, saltó sobre ella con sus caballos inmortales — el hijo de Crono, aquel que tiene muchos nombres. La tomó por la fuerza en su carro de oro y se la llevó.
Himno homérico 2, a Deméter 15 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
Apolodoro resume en prosa lo que viene después, y lo que su versión conserva es la búsqueda: Deméter buscando a su hija por la tierra entera, con antorchas, de noche y de día. De esa búsqueda nace todo lo que Eleusis celebraba.
Plutón se enamoró de Perséfone y, con la ayuda de Zeus, la arrebató en secreto. Pero Deméter salió a buscarla por la tierra entera, con antorchas, de noche y de día, y, sabiendo por los habitantes de Hermíone que Plutón se la había llevado, se irritó contra los dioses, dejó el cielo y vino a Eleusis en figura de mujer.
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 1.5.1 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
La semilla de granada
El acuerdo que devuelve a Perséfone a su madre se rompe antes de cumplirse, y por un gesto mínimo. Cuando Hermes llega a buscarla, Hades le pone en la boca una semilla de granada — comer en el mundo de los muertos es pertenecerle. Quien lo cuenta es Perséfone, a su propia madre, y el pasaje es uno de los pocos de la poesía griega en que ella habla.
…y así cesaras de tu ira y de tu cólera terrible contra los dioses — me levanté de un salto, de alegría; pero él a escondidas me puso en la boca un alimento dulce, una semilla de granada, y me forzó a probarla contra mi voluntad.
Himno homérico 2, a Deméter 410 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
De ahí el acuerdo que reparte el año. Las fuentes antiguas difieren sobre la fracción — Apolodoro dice un tercio abajo y dos tercios arriba; autores posteriores dicen mitad y mitad —, y esa divergencia es ella misma un dato: la división exacta nunca fue fija, lo que quedó fijo fue la idea de una diosa que va y vuelve.
La reina de los muertos
Homero no cuenta el rapto. Para la Ilíada y la Odisea, Perséfone ya es lo que llegará a ser: la esposa de Hades y la soberana de las Sombras, invocada junto con su marido en las maldiciones que los vivos lanzan sobre los muertos. Es la faceta suya que la poesía más antigua conoce, y la menos recordada hoy.
Entonces la bella Perséfone le respondió así: «Madre, voy a contarte todo sin error. Cuando vino Hermes, el que trae la buena suerte, veloz mensajero de mi padre, el hijo de Crono, y de los otros hijos del Cielo, mandando que yo volviera del Érebo para que me vieras con tus ojos…»
Himno homérico 2, a Deméter 405 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
La tradición arcadia guardaba una versión distinta y más antigua, en la que ella es hija de Poseidón y Deméter y era venerada bajo el nombre de Despina, «la Señora» — nombre que los iniciados usaban por no pronunciar el otro. La costumbre de no decir su nombre en voz alta atraviesa la literatura griega entera: ella es «la muchacha», «la Señora», «la de abajo».