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Urano

URANO es el Cielo, y la Teogonía lo presenta con una frase que ya contiene todo lo que vendrá: la Tierra lo engendró igual a sí misma, para cubrirla por todos lados. No hay casamiento, no hay elección y no hay distancia — el Cielo es del tamaño exacto de la Tierra y está pegado a ella. De esa proximidad sin holgura nace el primer problema del mundo: los hijos no tienen adónde ir.

Igual a sí misma, para cubrirla

La creación de Urano aparece enseguida después del Caos y antes de cualquier genealogía, y Hesíodo es preciso en cuanto a la medida y en cuanto a la función.

…a quien ella concibió y dio a luz de la unión en amor con Érebo. Y la Tierra primero engendró al Cielo estrellado, igual a sí misma, para cubrirla por todos lados y para ser morada siempre firme de los dioses bienaventurados. Y engendró también las largas colinas, refugios graciosos…

Hesíodo, Teogonía 125 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

«Morada siempre firme de los dioses bienaventurados»: el Cielo es creado, entre otras cosas, para servir de suelo a quien todavía no existe. Vale retener ese detalle, porque explica por qué el Olimpo, muchas generaciones después, es un lugar del cielo y una montaña de la tierra al mismo tiempo. Ver Olimpo.

Los hijos escondidos

El crimen de Urano no es violencia: es encierro. Empuja a cada hijo de vuelta dentro de la madre apenas nace — y Hesíodo agrega lo que lo vuelve imperdonable.

…estos eran los más terribles, y fueron odiados por su propio padre desde el principio. Y él solía esconderlos a todos en un lugar secreto de la Tierra apenas cada uno nacía, y no permitía que subieran a la luz; y el Cielo se alegraba con su mala acción. Pero la vasta Tierra…

Hesíodo, Teogonía 155 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

«Y el Cielo se alegraba con su mala acción»: la única frase de juicio moral en todo el pasaje, y es sobre el placer que él sentía. El resto de la escena es consecuencia.

…gemía por dentro, apretada, y pensó un ardid astuto y maligno. Sin demora, hizo el material del sílex gris y moldeó una gran hoz, y les contó el plan a sus hijos queridos. Y habló, animándolos, aunque estaba afligida en el corazón querido.

Hesíodo, Teogonía 160 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

La herramienta es de piedra: la hoz de sílex es anterior al metal, como conviene a la primera arma del mundo. Y la Tierra no la usa — la entrega. Ninguno de los hijos acepta, y el miedo de ellos se dice con todas las letras, hasta que el menor se presenta.

«Madre, yo me encargo de hacer esto, pues no reverencio a nuestro padre de nombre maligno, porque fue él el primero en pensar en hacer cosas vergonzosas.» Así habló; y la vasta Tierra se alegró mucho en el espíritu, y lo puso escondido en una emboscada, y le puso en las manos…

Hesíodo, Teogonía 170 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

El hijo menor es Crono. Lo que sigue — la hoz, la sangre en la tierra, el nacimiento de las Erinias, de los Gigantes y de Afrodita de la espuma — está contado en Crono y en Las Erinias. Urano, después de eso, no desaparece: sigue siendo el cielo. Pero deja de actuar, y es el primer ejemplo de una regla que la mitología griega va a repetir con Crono y a punto estará de repetir con Zeus: quien gobierna cae por mano de un hijo.

Engendrado por su propia madre, de su mismo tamaño

Urano es el único gran dios de la mitología griega sin padre — y la manera en que Hesíodo lo presenta explica todo lo que vendrá después.

Y la Tierra engendró primero al Cielo estrellado, igual a sí misma, para cubrirla por todos lados y ser morada siempre firme para los dioses bienaventurados. Y dio a luz también colinas largas, refugios graciosos de las diosas Ninfas que habitan en los valles de las colinas.

Hesíodo, Teogonía 116-125 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

★★ **«Igual a sí misma, para cubrirla por todos lados.»** Gea fabrica al marido a su propia medida, con una finalidad declarada: cubrirla. El casamiento primordial de Grecia es, en el origen, una pieza de arquitectura — y por eso separarlos más tarde exigirá una hoz.

Ver Gea. Fíjense también en lo que nace enseguida, en la misma respiración: las colinas y el mar. Urano es **hermano del paisaje**, no padre de él.

Los hijos que él empujaba de vuelta

El crimen de Urano no es haber engendrado monstruos: es lo que hacía con ellos después de nacidos — y Hesíodo lo describe con una palabra de escondite, no de asesinato.

Cada hijo que nacía, él lo escondía en el interior de la Tierra y no lo dejaba venir a la luz — y «se alegraba con su acto perverso», mientras Gea, llena por dentro, gemía. El apretón es literal: la madre no tiene adónde crecer.

★ **Es la primera huelga de la mitología griega.** Gea fabrica el acero gris, hace la hoz y les pide ayuda a los hijos. Todos tienen miedo; solo el menor acepta. Ver Crono y Los Gigantes.

Lo que salió de la sangre

La castración no es el fin de Urano — es el comienzo de tres linajes, y Hesíodo se empeña en contarlos.

…ella engendró a las fuertes Erinias y a los grandes Gigantes de armadura reluciente, sosteniendo lanzas largas en las manos, y a las Ninfas a las que llaman Melíades por toda la tierra sin límites. Y apenas él cortó los miembros con el sílex y los arrojó de la tierra al mar revuelto…

Hesíodo, Teogonía 185 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

De la sangre que cae en la Tierra: **las Erinias, los Gigantes y las ninfas de los fresnos.** De lo que cae en el mar: Afrodita. ★ **La venganza, la guerra y el amor nacen del mismo golpe** — ver Las Erinias, Los Gigantes y Afrodita.

⚠ Y está el detalle que casi ninguna versión popular cuenta: Urano **sobrevive**. Sigue siendo el cielo, sigue por encima, y es él quien les da a los hijos el nombre de «Titanes» — que, en la etimología que el propio Hesíodo propone, quiere decir «los que estiraron demasiado», los que cometieron un exceso por el cual pagarán.