BÓREAS era el viento norte — frío, seco y violento —, y el más presente de los cuatro vientos con nombre en la religión griega. Hijo de Eos, la Aurora, y de Astreo, el Estrellado, forma con sus hermanos Céfiro, Noto y Euro el grupo que Hesíodo distingue cuidadosamente de todos los demás vientos: estos cuatro son buenos, hijos de dioses, y el resto son ráfagas sin ley nacidas del monstruo Tifón. Es la única clasificación meteorológica que produjo la mitología griega, y separa el viento que se puede invocar del viento que solo se puede padecer.
Los cuatro que tienen nombre
Hesíodo presenta a los vientos en una genealogía corta, y lo que guarda ahí es la legitimidad: Bóreas y sus hermanos tienen padre y madre divinos, y por eso son vientos con quienes se puede negociar.
Y Eos le dio a Astreo los vientos de corazón fuerte: el resplandeciente Céfiro, y Bóreas, precipitado en su curso, y Noto — una diosa unida en amor a un dios.
Hesíodo, Teogonía 378 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
En seguida, el mismo poema describe el otro tipo de viento, y la diferencia de trato es el argumento entero.
Y de Tifón vienen los vientos impetuosos que soplan húmedos — excepto Noto, Bóreas y el resplandeciente Céfiro, pues estos son de linaje divino y una gran bendición para los hombres.
Hesíodo, Teogonía 870 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
⚠ Fíjense en a quién Hesíodo NO nombra entre los buenos: Euro, el viento del este. Su lista tiene tres, y el cuarto entrará después, por simetría con los puntos cardinales. Un sitio que promete fidelidad tiene que decir esto — el grupo de los «cuatro vientos» es un arreglo posterior.
El rapto de Oritía
El mito propio de Bóreas es un rapto, y tiene consecuencia política. El viento se enamora de Oritía, hija del rey ateniense Erecteo, y se la lleva por la fuerza a Tracia — que es, en la geografía griega, de donde viene el viento norte. Del casamiento nacen los Boréadas, Zetes y Calais, dos hermanos alados que navegarán con los argonautas.
Es de ese parentesco por matrimonio de donde sale el episodio siguiente: para los atenienses, Bóreas pasó a ser yerno de la ciudad — y a un yerno se le puede pedir un favor.
La flota que él hundió
Heródoto cuenta que, ante la invasión persa, los atenienses recibieron un oráculo que ordenaba invocar al yerno. Ellos entendieron que era Bóreas, por el casamiento con Oritía, y le rezaron. Lo que pasó a continuación los griegos lo trataron como respuesta.
Se cuenta que, por causa de un oráculo, los atenienses invocaron a Bóreas, el viento norte, para que los socorriera — pues otro oráculo les había dicho que llamaran a su yerno como aliado. Según el relato griego, Bóreas tenía por esposa a una mujer del Ática, Oritía, hija de Erecteo.
Heródoto, Historias 7.189 (trad. A. D. Godley, 1920)
La tempestad que siguió destruyó buena parte de la flota persa anclada en Sepíade. Heródoto registra los dos lados de la cuestión con el cuidado que lo caracteriza: cuenta que los atenienses se atribuyeron a sí mismos el mérito de la plegaria, y agrega que no puede afirmar si fue por eso que sopló el viento.
La partida de nacimiento — y lo que no dice
Hesíodo les da a los vientos padre, madre y dirección, y su lista tiene exactamente tres nombres.
Y Euribia, diosa luminosa, se unió en amor a Crío y engendró al gran Astreo, y a Palas, y a Perses, que también se distinguió entre todos por su sabiduría. Y Eos engendró de Astreo los vientos de corazón fuerte: el luminoso Céfiro, y Bóreas, impetuoso en su curso, y Noto.
Hesíodo, Teogonía 375 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
Padre: Astreo, un titán de segunda generación, hijo de Crío — ver Crío y Palante. Madre: la Aurora — ver Eos. ★ **Los vientos son hijos del cielo estrellado con la mañana**, y la elección es acertada: son lo que se siente sin verse, exactamente como la luz que cambia antes de que aparezca el sol.
Bóreas es el del norte, y Hesíodo le da el epíteto que quedó: «impetuoso en su curso». No es el viento que empuja — es el que atropella.
El rapto a la orilla del río
Bóreas es el único de los cuatro vientos con una historia de casamiento, y sucede en Atenas, en un lugar que cualquier ateniense conocía de vista.
Mientras Oritía jugaba junto al río Iliso, Bóreas la arrebató y se acostó con ella; y ella dio a luz a hijas, Cleopatra y Quíone, y a hijos alados, Zetes y Calais. Esos hijos navegaron con Jasón y encontraron su fin persiguiendo a las Harpías.
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 3.15.2 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
Los dos hijos alados de Bóreas son los **Boréadas**, y su tarea en la expedición de los Argonautas es la que se esperaría de nietos del viento: expulsar a las Harpías, que también son criaturas de aire. Ver Harpías y Jasón.
★ Y está el precio: los alados mueren en la persecución — o, en la versión que Apolodoro también registra, mueren a manos de Heracles en Tenos. El texto ofrece las dos muertes sin elegir.
★ El viento que se enroló en la marina ateniense
Este es el caso más extraordinario de toda la sección, y no es mito: es historia militar. Heródoto cuenta que, en la guerra contra los persas, los atenienses le pidieron socorro al viento — y el pedido tenía una base jurídica.
Se cuenta que, por causa de un oráculo, los atenienses invocaron a Bóreas, el viento norte, para que los ayudara, ya que otro oráculo les había dicho que llamaran al yerno como aliado. Según la historia helénica, Bóreas tenía una mujer ática, Oritía, hija de Erecteo, antiguo rey de Atenas.
Heródoto, Historias 7.189.1 (trad. A. D. Godley, 1920)
★ **Porque raptó a una princesa ateniense, el viento norte era, técnicamente, yerno de la ciudad.** Y así fue como Atenas lo convocó: no como divinidad distante, sino como pariente con obligaciones de familia.
La flota persa naufragó en la tempestad. Heródoto, con la honestidad que lo caracteriza, escribe que no sabe si fue por eso — pero registra que los atenienses creyeron que sí y le construyeron un santuario junto al río Iliso, en el lugar exacto del rapto.
La casa donde cenan los vientos
Homero les da a los vientos algo que casi ninguna otra fuerza natural tiene en la Ilíada: una dirección, con la mesa puesta.
Entonces Iris escuchó su plegaria y fue a llevarles el recado a los vientos. Ellos, en la casa del Céfiro de soplo violento, festejaban todos juntos, y Iris detuvo su carrera en el umbral de piedra.
Homero, Ilíada 23.192 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)
Aquiles les reza a los dos — el Norte y el Oeste — para que la pira de Patroclo prenda fuego, y promete ofrendas. Iris se niega a sentarse a la mesa porque tiene que ir a ver a los etíopes. Los vientos se levantan «con un estruendo maravilloso» y soplan toda la noche sobre la hoguera.
★ Es la escena que mejor explica lo que un viento **es** para un griego: no una fuerza, sino un invitado — al que se llama, al que se le promete pago, y que puede estar ocupado.
★ El otro párrafo, el que separa a los buenos de los malos
Más adelante, al cerrar la guerra contra Tifón, Hesíodo vuelve al tema de los vientos — y lo que dice ahí cambia todo lo anterior.
Y de Tifón vienen los vientos impetuosos que soplan húmedos — excepto Noto, Bóreas y el claro Céfiro. Estos son de linaje enviado por los dioses, y una gran bendición para los hombres; pero los otros soplan irregularmente sobre el mar.
Hesíodo, Teogonía 869-875 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
★ **Hay, entonces, DOS familias de viento, y son enemigas.** La de Astreo y de la Aurora — tres nombres, con nombre propio, «una gran bendición para los hombres». Y la de Tifón, el monstruo que Zeus enterró bajo el Etna: vientos sin nombre, que «dispersan los barcos y destruyen a los marineros».
⚠ Y aquí se percibe algo que casi ningún resumen moderno dice: **Euro no está en la lista buena.** Hesíodo nombra a tres, y el viento del este no es uno de ellos. Ver Euro.