Ir al contenido

Inicio

Las Horas

LAS HORAS eran hijas de Zeus y de Temis, y lo que gobiernan no tiene traducción directa al español: la palabra griega hôra significa a la vez «estación del año», «momento justo» y «madurez». Las tres que nombra Hesíodo se llaman Eunomía, «buen orden», Diké, «justicia», e Irene, «paz» — nombres de virtudes cívicas, no de meses. Para los griegos, que la estación llegara a tiempo y que la ciudad funcionara eran el mismo tipo de fenómeno, y las Horas son la divinidad de ese tipo.

Tres nombres que son tres cosas

Las Horas no son horas de reloj. Hesíodo las nombra, y los nombres dicen para qué sirven.

A continuación desposó a la luminosa Temis, que engendró a las Horas — Eunomía (Buen Orden), Diké (Justicia) y la floreciente Irene (Paz) —, que cuidan de las obras de los hombres mortales; y a las Moiras, a quienes el sabio Zeus les dio el mayor honor.

Hesíodo, Teogonía 901 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

★ **La madre es Temis** — ver Temis —, y sus hijas son las tres palabras que necesita una ciudad griega para funcionar. Y fíjense en la compañía: en el mismo verso, del mismo casamiento, nacen las Moiras. Orden, Justicia, Paz y Destino son hermanas.

«Cuidan de las obras de los hombres mortales»: las Horas no rigen el tiempo abstracto, rigen la **estación agrícola** — el momento justo de arar, de sembrar, de cosechar. Por eso la justicia de Hesíodo se mide en cosecha. Ver Virgo.

Las porteras del cielo

En la Ilíada, las Horas tienen un oficio concreto y visual: abren y cierran la puerta del Olimpo. Homero describe la nube espesa que sirve de portón, y dice de quién es la llave.

Y Hera tocó deprisa a los caballos con el látigo, y por sí solas rechinaron en los goznes las puertas del cielo, que las Horas tenían a su cargo — a ellas se les confían el gran cielo y el Olimpo, ya sea para abrir de par en par la nube espesa, ya sea para cerrarla.

Homero, Ilíada 5.749 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)

La imagen junta las dos mitades de lo que ellas son. La nube que se abre y se cierra es el buen tiempo y el mal tiempo; y la puerta que se abre y se cierra es el permiso — quién entra al Olimpo y cuándo. Meteorología y protocolo en la misma mano.

Las otras Horas

⚠ Hay dos familias de Horas en la tradición griega, y confundirlas es común. Las de Hesíodo son tres y son las estaciones — en la Grecia arcaica se contaban tres, no cuatro: primavera, verano e invierno. Una tradición posterior, ligada al conteo de las horas del día, habla de doce Horas, con nombres que describen partes del día.

El acervo de Theoi, que este sitio usa como mapa (nunca como texto), separa a las dos familias en artículos distintos, y esta página trata de la primera. La segunda es un fenómeno de época helenística, cuando el día pasó a dividirse en partes iguales — y de esa capa tardía viene el sentido que la palabra «hora» tiene hoy en español.

El número tres, además, atraviesa a toda la familia: tres Horas, tres Moiras, tres Cárites. Es el número de la plenitud en la aritmética religiosa griega, y en las tres casas significa lo mismo — un comienzo, un medio y un fin que se cierran.

Ellas sostienen la llave del cielo

En la Ilíada las Horas tienen un cargo, y es un cargo de portera — lo que suena modesto hasta que se ve que la puerta es la del Olimpo.

Y Hera tocó deprisa a los caballos con el látigo, y por sí solos gimieron en los goznes los portones del cielo, que las Horas tenían a su cargo — a quienes se confían el gran cielo y el Olimpo —, ya sea para abrir la nube espesa, ya sea para cerrarla.

Homero, Ilíada 5.751 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)

★ «Ya sea para abrir la nube espesa, ya sea para cerrarla»: **el portón del Olimpo está hecho de nube, y quien lo abre y lo cierra es la estación.** Es la definición más precisa que da la poesía griega de lo que hace una Hora — es lo que deja pasar.

Y el servicio no termina en la puerta. Cuando Hera y Atenea vuelven derrotadas, son las Horas quienes cuidan del tiro.

El regreso, y el trabajo de establo

El cierre del episodio muestra a las tres en un servicio menor, y eso es más revelador que el cargo.

Entonces las Horas les desengancharon los caballos de bella crin y los ataron a los pesebres de ambrosía, y recostaron el carro contra la pared reluciente de la entrada; y las diosas se sentaron en tronos de oro entre los demás dioses.

Homero, Ilíada 8.433 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)

Diosas que custodian el cielo entero desenganchan caballos y recuestan un carro contra la pared. ★ Es la domesticidad del Olimpo homérico, y no es un chiste: en el mundo griego, quien tiene la llave también tiene el establo. Orden es eso.

Lo que hace la Paz en una ciudad

De las tres hermanas, Irene es la que Hesíodo describe por extenso — no en sí misma, sino por su efecto. Y el efecto es una lista de cosas concretas.

Pero a los que dan sentencias rectas a extranjeros y a los hombres de la tierra, y no se apartan de lo justo, su ciudad florece y su pueblo prospera en ella: la Paz, nodriza de los niños, anda por su tierra, y Zeus, que todo lo ve, nunca les decreta una guerra cruel.

Hesíodo, Los trabajos y los días 225 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

Después viene el inventario: ni hambre ni desastre, robles con bellotas encima y abejas en el medio, ovejas cargadas de lana, mujeres que dan a luz hijos parecidos a los padres — y nadie necesita embarcarse, porque la tierra da lo suficiente.

★ **«Y no viajan en barcos»** es el detalle que delata al autor: para un campesino de Beocia, la señal máxima de prosperidad es no tener que ir al mar. Ver Noto, el viento que cierra la temporada.