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Caronte

CARONTE es el viejo que lleva a los muertos de una orilla a la otra, y es una de las figuras más firmes del imaginario occidental — la barca, el remo, la moneda. Pero es una llegada tardía. En la Odisea, el único poema arcaico que describe por dentro el viaje al reino de los muertos, no hay barquero alguno: Ulises atraviesa el Océano en su propia nave y cava un hoyo en la tierra. Caronte entra en la historia griega después — y el registro más antiguo en que lo vemos es una cita de un poema perdido, guardada por un viajero que estaba mirando una pared.

Lo que Homero tiene, y lo que no tiene

Circe le explica a Ulises cómo llegar a la casa de Hades, y la instrucción es geográfica, no burocrática: se atraviesa el Océano, se vara la nave, se camina. Hay ríos, hay una roca, hay el encuentro de las aguas — no hay barca ni quien la reme.

Mas cuando, en tu nave, hayas atravesado la corriente del Océano, donde hay una playa llana y los bosques de Perséfone — álamos altos y sauces que dejan caer su fruto —, vara allí la nave, junto al Océano de hondos remolinos, y ve tú mismo a la húmeda morada de Hades. Allí, en el Aqueronte, desembocan el Piriflegetonte y el Cocito, que es un brazo del agua de la Estigia; y hay una roca, y el punto de encuentro de los dos ríos estruendosos.

Homero, Odisea 10.503 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)

Guardar esa ausencia es guardar algo útil sobre cómo funciona la mitología griega: no es un sistema cerrado que alguien diseñó. Es una tradición que crece, y figuras entran en ella siglos después — Caronte es una de ellas.

El barco que Pausanias vio pintado

La prueba más antigua y más concreta de Caronte no es un poema: es una pared. Pausanias describe, en Delfos, la gran pintura de Polignoto sobre el descenso de Ulises al mundo de los muertos.

La otra parte del cuadro, la de la izquierda, muestra a Ulises, que descendió al llamado Hades para preguntarle al alma de Tiresias sobre su regreso seguro a casa. Los objetos representados son los siguientes. Hay agua como un río, claramente destinada a ser el Aqueronte, con juncos creciendo en ella; las formas de los peces aparecen tan borrosas que se las tomará por sombras, y no por peces. En el río hay un barco, con el barquero a los remos.

Pausanias, Descripción de Grecia 10.28.1 (trad. W.H.S. Jones, 1918)

★★ **«Los peces aparecen tan borrosos que se los tomará por sombras.»** Polignoto pintó el río de los muertos con peces que apenas se ven — y Pausanias, que estuvo frente a la pared, halló el detalle digno de nota. Es la descripción de una obra de arte perdida, hecha por quien la vio.

⚠ Y es ese pasaje el que ancla a Caronte en la historia: en el capítulo siguiente, Pausanias explica que Polignoto siguió un poema llamado **Miníada** — y es de ahí, y no de Homero, que viene el barquero. Ver Inframundo y Estigia.

El precio de la travesía

La moneda en la boca del muerto — el óbolo de Caronte — es costumbre funeraria atestiguada por hallazgos arqueológicos y por autores de época romana, y no aparece en los poemas arcaicos. Como la barca, es parte de una tradición que se afirma después de Homero.

Vale decir lo que eso significa para quien lee mitología: la imagen más famosa del inframundo griego — pagarle al barquero — no es la más antigua. Las capas del mito no se superponen, conviven, y un sitio honesto muestra las dos en vez de fundirlas en una versión única.