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Psique

PSIQUE es la última página de este sitio en ser escrita, y vale decir la razón de la demora: su historia no es griega. No está en Homero, no está en Hesíodo, no está en Apolodoro ni en Pausanias. Existe entera en una novela latina del siglo II — El asno de oro, de Apuleyo —, contada por una vieja a una muchacha secuestrada, dentro de otra historia, para distraerla mientras espera el rescate. Es una de las cosas más bellas que escribió la Antigüedad, y es una pieza de ficción firmada, no un mito heredado.

⚠ Antes que nada: de dónde viene esto

Este sitio cita fuente antigua con dirección, y la dirección de esta página es distinta de todas las otras. «Eros y Psique» no es tradición oral recogida por un mitógrafo: es un cuento insertado, por un autor con nombre, en medio de una novela cómica.

Apuleyo era un norteafricano de Madaura, en la actual Argelia, que escribió en latín en el siglo II d.C. El narrador de la novela es un hombre transformado en burro; la historia de Psique la cuenta una vieja borracha, en una cueva de ladrones, a una novia que ellos secuestraron — y la vieja empieza con un «érase una vez» explícito.

«Había en cierta ciudad un rey y una reina: tuvieron tres hijas notables por su belleza, pero de las mayores, aunque de aspecto agradabilísimo, se creía que podían ser dignamente celebradas con alabanzas humanas; en cambio la belleza de la menor era tan excepcional, tan extraordinaria, que no podía ser expresada ni siquiera suficientemente alabada, por la pobreza del lenguaje humano.»

Apuleyo, El asno de oro 4.28 (texto latino)

★ **«Érase una vez… un rey y una reina… y tres hijas.»** Es el comienzo de cuento de hadas, y es la primera vez que esa fórmula aparece en la literatura occidental. Todo lo que vino después — la Bella y la Bestia, el Rey Rana, las hermanas envidiosas de Cenicienta — pasa por acá.

⚠ Y por eso los nombres de la página oscilan. Apuleyo escribe en latín: **Venus** y **Cupido**, no Afrodita y Eros. Las citas traducen lo que él escribió; el texto alrededor usa los dos, y dice cuál es cuál. Ver Afrodita y Eros.

La diosa que se quedó sin fieles

El problema no es que Psique sea linda: es que la gente empezó a rezarle a ella. Los templos de Venus se vaciaron, las guirnaldas se secaron en los altares, y la diosa hizo el discurso más herido de toda la literatura antigua.

«Acá estoy yo, la antigua madre de la naturaleza, acá el origen primero de los elementos, acá la Venus nutricia del mundo entero — que soy tratada en reparto del honor de mi majestad con una nena mortal, ¡y mi nombre, fundado en el cielo, es profanado por suciedades terrenas! (…) y una nena que ha de morir anda por ahí cargando mi imagen.»

Apuleyo, El asno de oro 4.30 (texto latino)

★★ **«Una nena que ha de morir anda por ahí cargando mi imagen.»** La ofensa no es estética, es jurídica: alguien está usando indebidamente una marca. Es la misma *hýbris* de Casiopea, vista del otro lado — acá la fuente deja hablar a la divinidad ofendida.

Y lo que ella hace es llamar al hijo. La descripción que Apuleyo hace de Cupido, en boca de la propia madre, no tiene precio: el muchacho «alado y bastante temerario, que, despreciando la disciplina pública con sus malas costumbres, armado de llamas y de flechas, corriendo de noche por las casas ajenas y corrompiendo todos los matrimonios, comete impunemente semejantes infamias».

⚠ Fíjense en lo que eso le hace al dios: el Cupido de Apuleyo no es la fuerza cosmogónica de Hesíodo — ver Eros primordial — ni una alegoría. Es un adolescente problemático del que la madre se queja. **La historia empieza con un reclamo materno.**

El oráculo que manda vestir a la novia de luto

Los padres, angustiados porque nadie pide a la hija en casamiento — se admira la estatua, no se corteja a la mujer —, consultan el oráculo de Apolo. La respuesta viene en verso, y es una sentencia de muerte.

«En el peñasco de un monte alto, oh rey, pon a la muchacha, adornada con el traje de un tálamo funerario. Y no esperes un yerno engendrado de estirpe mortal, sino un mal cruel, feroz y viperino, que, volando con alas, fatiga todas las cosas por encima del éter y debilita a cada una con llama y con hierro — aquel ante quien tiembla el propio Júpiter, con quien las divinidades se aterrorizan, y ante quien los ríos y las tinieblas de la Estigia se estremecen.»

Apuleyo, El asno de oro 4.33 (texto latino)

★★ **El oráculo está describiendo al Amor**, y lo describe como monstruo — sin mentir una palabra. «Ante quien tiembla el propio Júpiter»: es verdad. «Debilita a cada una con llama y con hierro»: es la antorcha y la flecha. **Nada ahí es falso, y todo ahí engaña.** Ver Estigia, que entra en la lista de las cosas que se estremecen.

La escena del casamiento-funeral es una de las más duras que escribió Apuleyo: la antorcha nupcial se apaga en ceniza oscura, el sonido de la flauta de boda se vuelve un lamento en el modo lidio, el canto del himeneo termina en aullido — «y la muchacha que iba a casarse se seca las lágrimas con su propio velo de novia».

La gota de aceite

El peñasco no es el final: el Céfiro la lleva a un palacio, y ahí vive con un marido que solo la visita de noche y prohíbe que lo vea. Ver Céfiro. Las hermanas, envidiosas, la convencen de que duerme con una serpiente — y ella agarra la hoja y la lámpara.

«Entonces Psique, débil de cuerpo y de ánimo, pero fortalecida en sus fuerzas por la propia crueldad del destino, trajo la lámpara, agarró la navaja, y por la osadía cambió de sexo. Pero apenas, al llegar la luz, los secretos del lecho se iluminaron, ella ve a la más mansa y más dulce de todas las fieras: el propio Cupido, dios hermoso, hermosamente acostado.»

Apuleyo, El asno de oro 5.22 (texto latino)

★ **«La más mansa y más dulce de todas las fieras.»** Apuleyo cumple el oráculo y lo desmiente en la misma frase. El monstruo existe; es el Amor.

Lo que pasa enseguida es el momento más famoso del cuento, y el autor culpa a la lámpara — con sarcasmo.

«Pero mientras ella, herida en el juicio, oscilaba movida por semejante bien, aquella lámpara — fuera por pésima perfidia, fuera por envidia nociva, fuera porque ella misma ansiaba tocar y como que besar un cuerpo así — vomitó desde lo alto de su luz una gota de aceite hirviendo sobre el hombro derecho del dios. ¡Ah, lámpara audaz y temeraria, vil sirvienta del amor!»

Apuleyo, El asno de oro 5.23 (texto latino)

⚠ Y hay un detalle que casi todo resumen pierde, y es el que hace que la historia funcione: **antes de la gota, Psique se pincha en la punta de una flecha de su aljaba.** «Así, sin saberlo, Psique cayó por su propia voluntad en el amor del Amor.» Ya estaba enamorada cuando lo perdió — y por un accidente causado por ella misma.

★ La cuarta tarea: bajar al mundo de los muertos

Venus le impone cuatro trabajos, y los tres primeros — separar un montón de granos, juntar lana de carneros que matan, llenar un jarro en la fuente de la Estigia — los resuelven unas hormigas, una caña y el águila de Júpiter. Ver El Águila. El cuarto no tiene ayudante posible.

«Tomá este frasco» — y se lo dio — «y andá enseguida a los infiernos, a los penates fúnebres del propio Orco. Entregándole el frasco a Prosérpina, decile: “Venus te pide que le mandes un poco de tu belleza, lo suficiente al menos para un solo diíta: porque lo que tenía, lo gastó y lo consumió todo mientras cuidaba a su hijo enfermo.”»

Apuleyo, El asno de oro 6.16 (texto latino)

★★★ **La diosa de la belleza está pidiéndole belleza prestada a la reina de los muertos, porque gastó la suya cuidando al hijo.** Es la frase más cruel y más humana del cuento — y se dice como recado de vecina. Ver Perséfone y Hades.

Psique baja, cumple la misión, y falla en la vuelta por el mismo defecto de siempre: abre el frasco.

«Y, dicho esto, abre el frasco: y ahí no había cosa alguna, ni belleza alguna, sino un sueño infernal y verdaderamente estigio, el cual, apenas destapado, la invade, y una niebla espesa de sueño se le esparce por todos los miembros; y ahí mismo, en el propio camino, se apodera de ella caída — y ella yacía inmóvil, y no era nada más que un cadáver durmiendo.»

Apuleyo, El asno de oro 6.21 (texto latino)

★ **«Nada más que un cadáver durmiendo.»** Es la imagen que va a atravesar mil trescientos años y llegar a la Bella Durmiente y a Blancanieves — la muchacha muerta que no está muerta, esperando quien la despierte. Ver Tánato, hermano del Sueño.

El casamiento, y el nombre de la hija

Cupido, curado de la quemadura, huye por la ventana del cuarto donde la madre lo tenía encerrado, despierta a Psique con la punta de una flecha y va a hacer lo que ningún héroe griego hace: recurrir a la instancia superior.

«Dioses inscritos en el álbum de las Musas: todos saben que crié a este muchacho con mis propias manos, y juzgué que los ímpetus ardientes de su primera juventud debían ser contenidos por algún freno. Basta de que sea difamado en las conversaciones de todos los días por adulterios y por toda clase de corrupciones: hay que quitarle toda ocasión, y atar la lujuria de muchacho con las trabas del casamiento. Eligió a una nena y le quitó la virginidad: que la tenga, que la posea, que abrace a Psique y goce para siempre de sus amores.»

Apuleyo, El asno de oro 6.23 (texto latino)

★ **Júpiter resuelve el problema casando al hijo problemático.** La justificación es declaradamente disciplinaria — «atar la lujuria de muchacho con las trabas del casamiento» —, y no romántica. Ver Zeus.

Psique bebe el néctar, se vuelve inmortal, y el banquete de casamiento es el único lugar de la literatura antigua en que el Olimpo entero aparece trabajando al mismo tiempo.

«Entonces el cáliz de néctar, que es el vino de los dioses, se lo servía a Júpiter su propio copero, aquel muchacho campesino, y a los otros se lo servía Líber; Vulcano cocinaba la cena; las Horas purpuraban todo con rosas y otras flores; las Gracias esparcían bálsamos; también las Musas resonaban melodiosas; Apolo cantó al son de la cítara; y Venus, entrando en la dulce música, bailó hermosamente. (…) Así Psique pasó, con el debido rito, a manos de Cupido; y les nace, de parto en el tiempo justo, una hija, a la que llamamos Voluptuosidad.»

Apuleyo, El asno de oro 6.24 (texto latino)

★★ **El «muchacho campesino» que le sirve a Júpiter es Ganimedes** — ver Acuario. Las Horas, las Gracias y las Musas están todas ahí, cada una en su oficio: ver Las Horas, Las Gracias y Las Musas. Es el retrato más completo que hizo la Antigüedad de una fiesta divina.

Y el cierre es una etimología. *Psyché*, en griego, quiere decir **alma**; *Cupido* es el deseo. La hija de los dos se llama **Voluptuosidad** — el placer. Apuleyo está contando, por debajo del cuento de hadas, una parábola platónica sobre el alma que sufre, baja al mundo de los muertos y es rescatada por el amor. **Las dos lecturas caben al mismo tiempo, y el autor no elige.**