EROS, en el sentido en que quedó la palabra, es el compañero e hijo de Afrodita: el dios alado que carga arco y flechas y acierta a dioses y hombres sin pedir permiso. No es el Eros de Hesíodo — aquel es una de las cuatro primeras cosas que existieron, anterior a los dioses, y tiene entrada propia en este acervo. Este es el otro, el de Safo y el de Eurípides, que el arte griego dibujó primero como joven y después, cada vez más, como criatura — hasta volverse el Cupido regordete que Europa heredó.
⚠ Los dos Eros, y por qué son dos
La distinción no es invención moderna: los propios griegos la discutían. En el *Banquete* de Platón, uno de los personajes argumenta que existen dos Eros — uno antiguo, sin madre, y otro hijo de Afrodita — y usa justamente a Hesíodo como prueba de que el más viejo no tiene padres.
El Eros primordial es una fuerza cosmológica: existe para que la generación sea posible. Este Eros es un personaje, con madre, con armas, con temperamento. Escribir a los dos en una sola página sería empalmar dos tradiciones que la Antigüedad mantuvo separadas.
El acompañante de Afrodita
Hesíodo, que trata al Eros primordial al comienzo de la Teogonía, menciona a **otro** Eros más adelante — y esta vez como el que camina al lado de Afrodita el día en que ella nace. Es la primera aparición, en la literatura griega, de la figura de la que trata esta entrada.
Y con ella iba Eros, y el bello Deseo la siguió en su nacimiento, en el principio, y cuando entró en la asamblea de los dioses. Esta honra la tiene desde el comienzo, y esta es la parte que le tocó entre los hombres y los dioses inmortales.
Hesíodo, Teogonía 201 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
Fíjense en que aquí Eros no actúa: acompaña. Es séquito, al lado de Hímero, el Deseo. Su promoción a agente — el que dispara flechas y decide quién ama a quién — viene de la poesía lírica y de la tragedia, y no de la épica.
El arquero
La imagen que quedó es la del arco. En la *Argonáutica* de Apolonio de Rodas, Afrodita soborna a su hijo para que hiera a Medea y la haga amar a Jasón. La escena en que Afrodita va a buscarlo abre con el verso que lo ubica — y lo que ella encuentra es a un niño jugando a los dados con Ganimedes, y haciendo trampa.
Lo halló apartado, en el vergel florido de Zeus.
Apollonius Rhodius, Argonautica 3.114 (texto griego)
⚠ La cita va en el **original griego**: el Perseus no tiene traducción inglesa en dominio público de la Argonáutica, y este acervo no publica cita venida de traducción con derecho vigente. El español de arriba fue vertido del griego para esta página.
Lo que Apolonio hace en esa escena es una elección de retrato: el dios que decide el destino amoroso de los héroes es presentado como un niño que hace trampa en el juego. La poesía griega tardía no trata a Eros con reverencia — lo trata como una fuerza a la que se le tiene miedo justamente por ser irresponsable.
De Eros a Cupido
La edad de Eros disminuye con el tiempo. En la cerámica arcaica es un joven alado; en el período clásico, un adolescente; en el helenístico, un niño; y en el arte romano, el *putto* — el bebé rechoncho que el Renacimiento multiplicó por millares.
Los romanos lo llamaron Cupido («deseo») y también Amor, y es bajo ese nombre que Apuleyo cuenta la historia de Eros y Psique, en el siglo II d.C. — el texto que este sitio ya publica en entrada propia, y que es la fuente de casi todo lo que hoy se cuenta sobre la pareja.
Algo que la reducción a bebé borró: en el culto griego, Eros era cosa seria. Tespias, en Beocia, celebraba juegos en su honor cada cuatro años, y la imagen de culto más antigua que se conoce no era un niño — era una piedra bruta, sin forma alguna.
★ El argumento de que Eros es el más viejo de los dioses
En el Banquete de Platón, el primer discurso es de Fedro, y empieza por un argumento de ausencia — el más difícil de todos.
Primero, entonces, como dije, me contó que el discurso de Fedro empezaba por puntos de este género — que el Amor era un gran dios, una maravilla entre hombres y dioses; y esto aparecía de muchos modos, pero sobre todo en su nacimiento. De las más venerables son las honras de este dios, y la prueba es esta: **padres del Amor no hay ningunos, ni se los registra en prosa ni en verso.**
Plato, Symposium 178 (trad. Walter Rangeley Maitland Lamb, 1925)
★★★ **La prueba de que él es el más antiguo es que nadie escribió quién lo engendró.** Es razonamiento por ausencia: se usa lo que NO existe en la fuente como argumento. Ver Eros primordial.
Y Fedro cita a Hesíodo en apoyo — «el Caos vino primero, y después la Tierra de ancho seno, y el Amor» —, y suma a Acusilao y a Parménides. ⚠ Fíjense en el método: **cita tres autores** y dice lo que cada uno sostiene. Es el mismo aparato que usa este sitio, en un diálogo del siglo IV a.C.
⚠ Y conviene decir lo que Platón hace enseguida, porque lo cambia todo: tres discursos después, **Sócrates desmiente a Fedro** — en la versión que le atribuye a Diotima, Eros SÍ tiene padres (Poros y Penía), no es dios sino daimon, y no es bello porque desea la belleza que le falta. **Ni los griegos sabían cuál Eros era el Eros.**