HELIO era el Sol en persona: no el astro visto de lejos, sino el dios que lo conduce. Hijo de los titanes Hiperión y Tea, y hermano de la Luna y de la Aurora, atraviesa el cielo todos los días en un carro tirado por caballos que soplan fuego, y de noche vuelve al oriente por el Océano. Desde lo alto de ese trayecto lo ve todo — y esa es la razón de que los griegos lo invocaran como testigo en los juramentos y de que sea siempre él quien les cuenta a los demás dioses lo que pasó mientras nadie miraba.
La familia del Sol
Hesíodo registra el nacimiento de Helio entre los hijos de los titanes, y la línea que le dedica ya trae a los tres hermanos que se reparten el cielo: el Sol, la Luna y la Aurora. No son metáforas de los astros — son la misma cosa que los astros, contada como parentesco.
Y Tea, unida en amor a Hiperión, dio a luz al gran Helio (Sol), a la clara Selene (Luna) y a Eos (Aurora), que brilla para todos los que están sobre la tierra y para los dioses inmortales que habitan el vasto cielo.
Hesíodo, Teogonía 371 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
El trayecto de todos los días
La Odisea abre el tercer canto con la salida del sol, y la fórmula que usa Homero dice dos cosas al mismo tiempo: el cielo es de bronce — sólido, una bóveda — y la luz es un servicio prestado tanto a los hombres como a los dioses.
Y entonces el sol, dejando el hermoso lago, subió al cielo de bronce para dar luz a los inmortales y a los hombres mortales sobre la tierra, dispensadora de granos.
Homero, Odisea 3.1 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
Ovidio describe el otro extremo del trayecto: el palacio desde donde parte el Sol. El verso latino es el comienzo del segundo libro de las Metamorfosis, y la imagen es de arquitectura, no de cielo — columnas, oro, marfil.
El palacio del Sol se alzaba alto sobre altísimas columnas, resplandeciente de oro fulgurante.
Ovidio, Metamorfosis 2.1 (texto latino)
La copa que atraviesa el Océano
Para volver del poniente al naciente, Helio navega. El objeto que lo lleva es una copa de oro, y la única razón por la que lo sabemos es que la prestó una vez — a Heracles, en el décimo trabajo, cuando el héroe, hirviendo de calor en el camino, apuntó el arco contra el Sol mismo.
Pero, siendo abrasado por el Sol durante la jornada, tensó el arco contra el dios, el cual, en admiración por su audacia, le dio una copa de oro en la que atravesó el océano.
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 2.5.10 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
★ La amenaza que hizo ceder a Zeus
La escena más reveladora sobre el poder de Helio está en la Odisea, y en ella un dios de segunda línea pone al rey del Olimpo contra la pared. Los compañeros de Ulises se comieron el ganado sagrado del Sol, y su hija va a contarlo.
«Pronto llegó a Helio Hiperión, Lampecia de largos vestidos, trayendo la noticia de que habíamos matado su ganado; y enseguida habló él entre los inmortales, airado en su corazón: “Padre Zeus, y ustedes, dioses bienaventurados que existen por siempre, tomen ahora venganza de los compañeros de Ulises, hijo de Laertes, que insolentemente mataron mi ganado…”»
Homero, Odisea 12.374 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★★ Y lo que viene enseguida es la frase que decide el episodio: **si no lo vengan, él baja al Hades y pasa a brillar para los muertos.** No es bravata — es la única amenaza de huelga de la mitología griega, y su objeto es el día.
Zeus cede al instante y hunde la nave con un rayo. ⚠ **El rey de los dioses no castiga por justicia: castiga para que el Sol no se salga de su lugar.** Ver Zeus, Hades y Tía, que es su madre.
El testigo
Como atraviesa el cielo entero todos los días, Helio ve lo que nadie vio. Esa es su función en los mitos ajenos: es él quien le cuenta a Deméter que Hades se llevó a Perséfone, y es él quien le revela a Hefesto el adulterio de Ares y Afrodita. La Odisea guarda la fórmula de esta segunda historia, y en ella el Sol aparece como el informante.
Pero pronto llegó hasta él alguien con la noticia — Helio, que los había visto mientras yacían juntos en amor.
Homero, Odisea 8.270 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
De ahí la costumbre, atestiguada por toda la poesía griega, de invocar al Sol como testigo de un juramento: quien jura por Helio jura ante quien estuvo presente.