CLITEMNESTRA es hija de Tindáreo, hermana de Helena, mujer de Agamêmnon y madre de Ifigênia y de Orestes. Esquilo le da la obra entera: durante mil trescientos versos miente con una cortesía perfecta, y después abre las puertas del palacio y muestra el cuerpo. ⚠ **No es un personaje que se descubre culpable — es un personaje que reivindica la autoría.**
★★★ «Estoy donde asesté el golpe»
Toda la primera mitad de la tragedia está hecha de sus bienvenidas: los fuegos de señal, la alfombra de púrpura, el discurso de esposa fiel. Cuando el cuerpo aparece, lo primero que ella hace es retirar todo eso.
«Mucho dije antes para servir a mi necesidad, y no sentiré vergüenza alguna en contradecirlo ahora. Pues ¿de qué otro modo podría alguien, urdiendo odio contra un enemigo odiado que trae la apariencia de amigo, alzar las trampas de la ruina demasiado altas para ser saltadas? Este es el combate de una vieja enemistad, meditado por mí desde hace mucho, y llegó, por más que tardara. **Estoy donde asesté el golpe; mi propósito está cumplido.**»
Esquilo, Agamenón 1372-1398 (trad. Herbert Weir Smyth, 1926)
★★★ **«No sentiré vergüenza alguna en contradecirlo ahora.»** Ella no desmiente las mentiras: las declara instrumento. Y la justificación que da es técnica — *contra un enemigo que parece amigo, la trampa tiene que ser demasiado alta para saltarla.*
⚠ **Es el lenguaje de la caza y de la ingeniería, no el de la pasión.** Quien esperaba un crimen pasional encuentra un proyecto de diez años con memoria descriptiva.
La red, los tres golpes, y la lluvia
La descripción de lo que hizo viene enseguida, y es el pasaje que hace de Clitemnestra el personaje que es.
«Así hice lo que hice; negarlo no lo negaré. **En torno a él, como para atrapar una pesca, arrojé una red imposible de franquear** — riqueza funesta de manto —, de modo que no pudiera escapar ni apartar la perdición. Dos veces lo golpeé, y con dos gemidos sus miembros se aflojaron. Caído ya, le di aún un tercer golpe, en honra de mi plegaria al Zeus subterráneo, el salvador de los muertos.»
Esquilo, Agamenón 1380-1392 (trad. Herbert Weir Smyth, 1926)
★★ **El arma es textil.** El manto sin cuello en que lo envuelve — «riqueza funesta de manto» — es ropa de casa convertida en red de pesca. **La hospitalidad doméstica es el arma; es el mismo movimiento del banquete de Tântalo, y la familia es la misma.**
⚠ **Tres golpes, y el tercero es litúrgico.** No es rabia de más: es una libación. El tercer golpe corresponde a la tercera copa, la que en los banquetes se le ofrecía a Zeus Salvador — y ella se la ofrece al Zeus de abajo.
★★★ Y el remate es la imagen más fría del teatro griego: la sangre le salpica la cara, «y yo me alegré no menos de lo que la tierra sembrada se alegra con la lluvia refrescante del cielo en la hora en que nacen los brotes». **Ella compara el asesinato con una buena cosecha.**
⚠ «No soy la mujer de Agamenón»
El coro la acusa. Y su defensa cambia de terreno: deja de ser autora y pasa a ser instrumento.
«¿**Afirman que este acto es mío? No imaginen que yo soy** la esposa de Agamenón. Un fantasma con la apariencia de la mujer de este cadáver, el antiguo y amargo espíritu maligno de Atreo, aquel siniestro anfitrión, lo ofreció en pago, sacrificando una víctima adulta en venganza de aquellos niños muertos.»
Esquilo, Agamenón 1497-1512 (trad. Herbert Weir Smyth, 1926)
★★ **Es la misma boca que dijo «estoy donde asesté el golpe».** Veinte versos después, ella es la maldición de la casa usando un cuerpo de mujer. ⚠ Y las dos cosas son verdaderas en la obra — Esquilo no elige.
★ «Aquellos niños muertos» son los hijos de Tiestes, servidos al padre en un guiso por Atreo, su suegro. **La cuenta que ella viene a cobrar es anterior al casamiento.** Ver Pélops, donde empieza la deuda.
⚠⚠ Y está la otra cuenta, la de ella: **Ifigenia**, degollada en Áulide por su propio padre para que la flota tuviera viento. Ver Ifigênia. **La obra le da tres motivos — la hija, la casa, el amante — y nunca dice cuál es el verdadero.**
La versión de Homero, contada por la víctima
Cuatro siglos antes de Esquilo, la Odisea ya contaba el crimen — y lo cuenta por boca del muerto, a quien Ulises encuentra en el Hades.
«Egisto tramó para mí la muerte y el destino, y me mató con la ayuda de mi maldita mujer, después de haberme invitado a su casa y de haberme dado un banquete, **tal como se abate a un buey en el pesebre**. Así morí de la más lastimosa de las muertes, y a mi alrededor los demás compañeros eran muertos sin cesar, como cerdos de blancos colmillos que se degüellan en la casa de un hombre rico y poderoso.»
Homero, Odisea 11.404 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
⚠⚠ **En Homero, el asesino principal es Egisto y Clitemnestra es cómplice; en Esquilo, es ella la que sostiene el hacha y Egisto es un cobarde que llega después.** Las dos versiones están en el aire, y la segunda es la que Occidente guardó.
★★★ Y es todavía el muerto quien saca la moraleja, y la moraleja es una calumnia contra media especie: «tan cierto es que nada hay más terrible ni más desvergonzado que una mujer que se mete en el corazón tales actos». **Agamenón culpa al género entero; Esquilo le devuelve la palabra a la acusada.**
El final está en otra página: Orestes vuelve, mata al amante y mata a la madre, y las Las Erinias van tras él por eso.