NOTO era el viento sur — cálido, húmedo y cargado —, el que sopla desde el desierto sobre el Mediterráneo y llega a Grecia trayendo neblina y tempestad de fin de verano. Hijo de Eos y de Astreo como Bóreas y Céfiro, es de los tres el menos querido: los poetas griegos hablan de él casi siempre para describir el mal tiempo. Y, aun así, Hesíodo lo incluye entre los vientos de linaje divino, distinguiéndolo de las ráfagas sin dueño que nacen de Tifón.
El tercero de los buenos
La lista de Hesíodo es de tres, y Noto la cierra. El poeta no le da epíteto — Céfiro es «resplandeciente», Bóreas es «precipitado en su curso», y Noto es solo Noto.
Y Eos le dio a Astreo los vientos de corazón fuerte: el resplandeciente Céfiro, y Bóreas, precipitado en su curso, y Noto — una diosa unida en amor a un dios.
Hesíodo, Teogonía 378 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
La distinción que viene a continuación es la más importante de la meteorología griega, y Noto está del lado correcto.
Y de Tifón vienen los vientos impetuosos que soplan húmedos — excepto Noto, Bóreas y el resplandeciente Céfiro, pues estos son de linaje divino y una gran bendición para los hombres.
Hesíodo, Teogonía 870 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
El criterio no es ser agradable: es tener padre y madre. Un viento con genealogía es un viento con el que se puede contar — sopla en la estación correcta, en el sentido correcto, y por eso la navegación y la labranza pueden organizarse en torno a él. Lo que Hesíodo condena son las ráfagas fuera de hora, que destrozan barcos y no obedecen a ningún calendario.
El viento de la neblina
En la Ilíada, Homero usa a Noto en una comparación que se hizo famosa entre los lectores antiguos: el viento sur cubre las cumbres de las montañas con una neblina que los pastores detestan y que el ladrón prefiere a la noche. Es una imagen de moral y no de clima.
Tal como cuando Noto derrama una neblina sobre las cumbres de una montaña — neblina que el pastor no ama, pero que para el ladrón es mejor que la noche, y un hombre solo alcanza a ver hasta donde llega un tiro de piedra.
Homero, Ilíada 3.10 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)
En las dos epopeyas, Noto casi siempre aparece con Euro, el viento del este — los dos juntos forman el cuadrante del mal tiempo. Es la lectura que haría un navegante del Egeo: el peligro viene del sur y del sudeste.
Lo que quedó del nombre
Los romanos llamaron a Noto Auster, y de esa forma latina viene el adjetivo «austral» — del sur. La palabra griega sobrevivió en «noto» como prefijo científico: las regiones notogeas, la notocorda. El viento que menos elogiaron los griegos dejó, en la lengua, más descendencia que los otros tres.
La partida de nacimiento — y lo que no dice
Hesíodo les da a los vientos padre, madre y dirección, y su lista tiene exactamente tres nombres.
Y Euribia, diosa luminosa, se unió en amor a Crío y engendró al gran Astreo, y a Palas, y a Perses, que también se distinguió entre todos por su sabiduría. Y Eos engendró de Astreo los vientos de corazón fuerte: el luminoso Céfiro, y Bóreas, impetuoso en su curso, y Noto.
Hesíodo, Teogonía 375 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
Padre: Astreo, un titán de segunda generación, hijo de Crío — ver Crío y Palante. Madre: la Aurora — ver Eos. ★ **Los vientos son hijos del cielo estrellado con la mañana**, y la elección es acertada: son lo que se siente sin verse, exactamente como la luz que cambia antes de que aparezca el sol.
Noto es el del sur, y Hesíodo lo nombra sin epíteto — el único de los tres que entra en la lista sin adjetivo. Su adjetivo viene en otro poema, y no es un elogio.
Los cuatro juntos, que es cuando el mar mata
Homero rara vez pone a los cuatro vientos en la misma línea. Cuando lo hace, es para hundir a alguien — y el alguien es Odiseo, en la balsa, con Poseidón mirando desde lo alto de los montes de los sólimos.
Diciendo esto, juntó las nubes y, tomando el tridente con las manos, revolvió el mar y levantó ráfagas de toda clase de vientos, y ocultó con nubes la tierra y el mar por igual; y la noche bajó del cielo. Juntos se lanzaron el Viento del Este y el Viento del Sur, y el Viento del Oeste de soplo feroz y el Viento del Norte, nacido en el cielo luminoso, haciendo rodar por delante una ola enorme.
Homero, Odisea 5.291-5.296 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★ Fíjense en que los cuatro no están peleando entre sí: están **trabajando juntos**, y eso es lo que hace la escena aterradora. Viento de cuatro direcciones al mismo tiempo no es tempestad, es trampa.
Y fíjense también en lo que Homero hace con el Norte: lo llama «nacido en el cielo luminoso» — el mismo parentesco que declara Hesíodo. Dos generaciones de poesía, la misma partida de nacimiento. Ver Eos.
El sur en el mapa
Ovidio distribuye los cuatro vientos por los cuatro rincones del horizonte, y el de Noto es el lado que no se seca.
La Aurora y Persia y las cumbres sometidas a los rayos de la mañana son vecinas de Euro; el poniente y las playas que se calientan con el sol que se pone son vecinas de Céfiro; a Escitia y las siete estrellas del norte las invadió el horrendo Bóreas; la tierra opuesta se humedece de nubes continuas y de la lluvia del Austro.
Ovidio, Metamorfosis 1.61-1.66 (texto latino)
«La tierra opuesta se humedece de nubes continuas y de la lluvia del Austro» — Austro es el nombre latino de Noto. Es el único de los cuatro definido por el agua que trae, y no por la temperatura ni por la tierra de donde viene.
★ El otro párrafo, el que separa a los buenos de los malos
Más adelante, al cerrar la guerra contra Tifón, Hesíodo vuelve al tema de los vientos — y lo que dice ahí cambia todo lo anterior.
Y de Tifón vienen los vientos impetuosos que soplan húmedos — excepto Noto, Bóreas y el claro Céfiro. Estos son de linaje enviado por los dioses, y una gran bendición para los hombres; pero los otros soplan irregularmente sobre el mar.
Hesíodo, Teogonía 869-875 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)
★ **Hay, entonces, DOS familias de viento, y son enemigas.** La de Astreo y de la Aurora — tres nombres, con nombre propio, «una gran bendición para los hombres». Y la de Tifón, el monstruo que Zeus enterró bajo el Etna: vientos sin nombre, que «dispersan los barcos y destruyen a los marineros».
⚠ Y aquí se percibe algo que casi ningún resumen moderno dice: **Euro no está en la lista buena.** Hesíodo nombra a tres, y el viento del este no es uno de ellos. Ver Euro.