PENÉLOPE no es la mujer que espera: es la mujer que gana tiempo. Las dos escenas por las que se la recuerda son estratagemas — una que engaña a ciento ocho pretendientes durante tres años, y otra que engaña al propio esposo. La Odisea es un poema sobre la astucia, y la última prueba de astucia del poema es de ella.
★ El sudario: tres años de trabajo deshecho
Quien cuenta el truco es uno de los pretendientes, con rabia — y su rabia es la mejor prueba de que funcionó.
«Telémaco, fanfarrón, desenfrenado en el atrevimiento: ¡qué cosa dijiste, avergonzándonos y queriendo echarnos la culpa! No son los pretendientes aqueos los culpables, sino tu propia madre, que es astuta por encima de todas las mujeres. Pues ya va el tercer año, y el cuarto pasará pronto, desde que engaña los corazones de los aqueos. A todos les ofrece esperanzas, y tiene promesas para cada uno, mandándoles recados — pero su mente está en otra cosa. Y tramó en el corazón también esta artimaña: montó en las salas un gran telar y se puso a tejer.»
Homero, Odisea 2.93 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★ **«Astuta por encima de todas las mujeres»** — en griego, *períphron*, y es su epíteto fijo en toda la Odisea. **Es el femenino exacto de lo que se dice de Odiseo.** Ver Ulisses.
El telar es el sudario de Laertes, el suegro. Ningún griego podía negarse a esperar a que una mortaja quedara lista — y por eso el pretexto es inatacable. **Ella deshace de noche, a la luz de antorchas, lo que tejió de día; tres años, hasta que una sirvienta la delata.**
★★★ La cama que no se mueve
La escena del reconocimiento es lo opuesto de lo esperado. Odiseo vuelve, mata a los pretendientes, se lava, se viste — y ella no lo acepta. Entonces arma la última trampa de la Odisea.
Penélope manda a la sirvienta a sacar la cama del cuarto y ponerla afuera. **Es una orden imposible, y ella lo sabe.** Odiseo explota.
«Mujer, es amarga esta palabra que dijiste. ¿Quién puso mi cama en otro lugar? Difícil sería, incluso para el más hábil, a menos que un dios viniera y la cambiara de sitio fácilmente por su propia voluntad. Pero de hombres no hay mortal vivo, por joven y fuerte que sea, que pudiera arrancarla del lugar con facilidad — porque hay una gran señal labrada en esta cama, y fui yo quien la hizo y nadie más. Crecía dentro del patio un olivo de hojas largas, fuerte y vigoroso, y del grosor de una columna. Alrededor de él construí mi cuarto…»
Homero, Odisea 23.181 (trad. Augustus Taber Murray, 1919)
★★★ **La cama está hecha de un olivo vivo, todavía enraizado en el suelo.** Él cortó las ramas, desbastó el tronco, y construyó el cuarto alrededor. **No se puede mover porque tiene raíz.**
★ Y eso es lo que ella quería oír: **el secreto que solo los dos conocen.** No pide prueba de identidad — arma una trampa en la que solo el esposo puede caer. **La última astucia de la Odisea es de ella, y la víctima es el héroe.**
Lo que el poema dice del matrimonio de los dos
Odiseo, todavía en la isla de Calipso, define lo que quiere volver a tener — y la definición es lo más parecido a una teoría del matrimonio en la poesía griega arcaica.
★★ **«No hay nada mejor ni más fuerte que cuando marido y mujer mantienen la casa unidos, de acuerdo en el pensamiento — gran disgusto para los enemigos y alegría para los amigos; y ellos mismos son quienes mejor lo saben.»** Es lo que le dice a Nausícaa, deseándole eso.
⚠ La palabra griega es *homophrosýne*, «pensar igual». Ver Calipso, que le ofrece la inmortalidad a cambio de quedarse — y pierde ante esto.