Ir al contenido

Inicio

Olimpo

EL OLIMPO es la montaña de Tesalia donde viven los dioses — y, en la poesía, es también el opuesto exacto de la vida humana. Todo lo que cambia allá abajo no pasa allá arriba: no hay viento, no llueve, no nieva. Es un lugar sin clima, y clima, para un griego, es el nombre de lo que pasa. Pero el Olimpo no es un paraíso abstracto: tiene pico, tiene puerta, tiene sala de reunión, tiene asiento asignado y tiene un umbral desde donde se puede ser arrojado.

El pico: donde Zeus se sienta solo

Lo primero que tiene el Olimpo es altura, y la altura tiene una función narrativa: separar a Zeus de los demás. Cuando Tetis va a pedir un favor, sube del mar hasta el cielo, y todavía tiene que subir un poco más.

…y de mañana temprano subió al gran cielo y al Olimpo. Allí encontró al hijo de Crono, el que ve a lo lejos, sentado apartado de los demás en la cumbre más alta del Olimpo de muchas crestas. Entonces ella se sentó ante él y le abrazó las rodillas con la mano izquierda, mientras con la derecha le tocaba el mentón, y habló en súplica al rey Zeus.

Homero, Ilíada 1.493 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)

«Apartado de los demás», «en la cumbre más alta»: la geografía dice la jerarquía. Y nótese el camino de Tetis — del mar al cielo, y del cielo al Olimpo, como si fueran dos etapas. El Olimpo es una montaña de la tierra y un lugar del cielo al mismo tiempo, y Homero nunca resuelve la contradicción porque no le molesta.

La casa: columnatas de Hefesto y la asamblea de los ríos

Cuando el Olimpo aparece por dentro, es un palacio con patio — y la escena más completa de él es una convocatoria general, en la que Zeus manda a Temis a llamar a TODOS. La lista de quiénes vinieron es la mejor descripción de escala que la Ilíada da del lugar.

Pero Zeus mandó a Temis convocar a los dioses a la asamblea, desde lo alto del Olimpo de muchas cumbres; y ella corrió por todas partes y les ordenó que vinieran a la casa de Zeus. No hubo río que no viniera, salvo únicamente el Océano, ni ninfa alguna, de todas las que habitan los bellos bosques, las fuentes que alimentan los ríos y los prados herbosos. Y al llegar a la casa de Zeus, se sentaron en las columnatas pulidas que Hefesto…

Homero, Ilíada 20.1 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)

«Salvo únicamente el Océano»: la única ausencia es la frontera del mundo, que no se mueve de su lugar porque ES el lugar. Y las columnatas fueron construidas por Hefesto — el Olimpo es una obra, hecha por uno de los habitantes, y no un escenario natural.

Quién entra y quién no entra es asunto de puerta, y la puerta tiene guardianas: las Horas abren y cierran el portón del cielo, lo que las vuelve el servicio de protocolo y la meteorología del mismo lugar.

Y por sí mismos rechinaron en sus goznes los portones del cielo, que las Horas tenían a su guarda — ellas a quienes están confiados el gran cielo y el Olimpo, ya sea para abrir de par en par la nube espesa, ya sea para cerrarla.

Homero, Ilíada 5.749 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)

El umbral: desde donde se cae

La prueba de que el Olimpo es un lugar concreto, y no una metáfora, es que se puede ser expulsado de él — y la caída tiene duración medida. Hefesto cuenta la suya como quien muestra una cicatriz para calmar una pelea de familia.

Una vez, antes de esto, cuando yo intentaba salvarte, él me agarró por el pie y me arrojó desde el umbral celeste; el día entero fui llevado cabeza abajo, y al ponerse el sol caí en Lemnos, y poca vida quedaba en mí.

Homero, Ilíada 1.568 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)

Un día entero de caída, del amanecer al ocaso: es la misma unidad de medida del yunque de bronce que Hesíodo hace caer hasta el Tártaro. La poesía griega mide el cosmos por el tiempo que un cuerpo tarda en atravesarlo — y el Olimpo queda a un día de caída de la tierra, mientras que el Tártaro queda a nueve.

Y está la otra amenaza, en la misma escena: la de ser arrancado del asiento. Tener asiento en el Olimpo es tener lugar reconocido entre los dioses — y perder el asiento es el castigo que Hefesto teme en voz alta.

¿Y si al Olímpico, el señor del relámpago, se le antojara arrancarnos de nuestros asientos? Pues él es con mucho el más fuerte. Pero háblale con palabras blandas: así el Olímpico nos será pronto favorable.

Homero, Ilíada 1.568 (trad. Augustus Taber Murray, 1924)

El canto: para qué sirve un lugar sin clima

Hesíodo abre la Teogonía con la respuesta a esa pregunta. Lo que se hace en un lugar donde nada cambia es aquello que no cansa: se canta.

Pero ¿para qué todo esto sobre el roble o la piedra? Vamos, empecemos por las Musas, que alegran el gran ánimo de su padre Zeus en el Olimpo con sus cantos, diciendo las cosas que son, las que serán y las que fueron antes, con voz concorde. Incansable fluye el dulce sonido…

Hesíodo, Teogonía 35 (trad. Hugh G. Evelyn-White, 1914)

«Incansable» es la palabra que cierra el círculo: en el lugar que los vientos no sacuden, lo único que corre es una música que no para. Es la misma definición del Olimpo dada por otro camino — allá, lo que existe no se gasta.