HIPERBÓREA es el país que los griegos ponían más allá del viento norte — hypér Boréas, «por encima de Bóreas» —, y es uno de los pocos lugares del mapa antiguo que existe enteramente como noticia de terceros: nadie va allí y vuelve a contarlo. Píndaro dice que no hay camino, ni en barco ni a pie, y describe un pueblo que festeja sin parar, que no enferma y no envejece. Heródoto cuenta lo que los habitantes de Delos decían recibir de allí, todos los años, envuelto en paja, y al final se ríe de los mapas que dibujan el mundo con compás. El dios de la casa es Apolo, y es hacia allí que él manda el segundo templo de Delfos, hecho de cera y de plumas.
El nombre, y el olivo que vino de allí
El nombre es una posición en el mapa: más allá de Bóreas, el viento norte. Ver Bóreas. Pausanias usa la expresión entera al explicar de dónde vino el olivo silvestre con que se coronaba a los vencedores en Olimpia.
Heracles, siendo el mayor, puso a sus hermanos a correr una carrera, como juego, y coronó al vencedor con una rama de olivo silvestre, del que tenían provisión tan abundante que dormían sobre montones de sus hojas todavía verdes. Se dice que fue traído a Grecia por Heracles, desde el país de los hiperbóreos, hombres que viven más allá de la casa del Viento Norte.
Pausanias, Descripción de Grecia 5.7.7 (trad. W.H.S. Jones, 1918)
Ver Heracles. La corona de Olimpia, que es el premio más famoso del mundo griego, tiene origen declarado en un país donde ningún griego puso el pie.
El camino que no existe
Píndaro escribe la descripción más larga que quedó, y empieza diciendo que el lugar es inalcanzable por los dos medios que un griego conocía.
Ni yendo en barco ni a pie encontrarías el camino admirable hacia la asamblea de los hiperbóreos.
Píndaro, Odas Píticas 10.29-30 (texto griego)
La oda es del 498 a.C. y fue escrita para un muchacho de Tesalia que ganó la carrera en Delfos; Hiperbórea entra en ella como la medida de lo que no se alcanza con las piernas.
Perseo a la mesa de ellos
Un héroe llegó allí, y llegó por el aire. Píndaro pone a Perseo a la mesa de los hiperbóreos, en medio de un sacrificio que no se hace en ningún otro lugar de la poesía griega.
Junto a ellos banqueteó un día Perseo, conductor de pueblos, entrando en sus casas, cuando los encontró ofreciendo al dios famosas hecatombes de asnos. En las fiestas y en las alabanzas de ellos Apolo se alegra sin falta, y ríe al ver la insolencia empinada de los animales.
Píndaro, Odas Píticas 10.31-36 (texto griego)
Ver Perseo y Apolo. La ofrenda son cien asnos, y el dios se ríe del espectáculo en vez de ofenderse.
La fiesta que no tiene fin
Lo que Píndaro describe a continuación es una rutina, y no una fiesta de un día.
Y la Musa no se ausenta de sus costumbres: por todas partes se agitan coros de muchachas, el clamor de las liras y el chillido de las flautas; y, con el cabello ceñido de laurel de oro, banquetean alegremente.
Píndaro, Odas Píticas 10.37-40 (texto griego)
El laurel es la planta de Apolo, y la corona que ellos llevan a la mesa es de oro.
Sin enfermedad, sin vejez y sin Némesis
La cuarta cosa que dice Píndaro es la que dio fama al lugar.
Ni enfermedades ni la vejez funesta están mezcladas en aquella raza sagrada; sin trabajos y sin batallas viven, habiendo escapado a la Némesis de justicia implacable.
Píndaro, Odas Píticas 10.41-44 (texto griego)
Némesis es la divinidad que corrige el exceso de suerte de los hombres. Escapar de ella quiere decir vivir bien sin que la cuenta llegue después, y es lo que separa a Hiperbórea del resto del mapa griego.
Heródoto: nadie sabe nada
Un siglo después, Heródoto va a preguntar a los pueblos del norte qué saben de aquello, y vuelve con las manos vacías.
Sobre el pueblo hiperbóreo, ni los escitas ni ningún otro habitante de aquellas tierras nos cuenta nada, salvo quizá los isedones. Y, a mi juicio, ni esos dicen nada; pues, si lo dijeran, también los escitas lo habrían contado, tal como cuentan la historia de los hombres de un solo ojo. Pero Hesíodo habla de los hiperbóreos, y Homero también, en su poema Los Hijos de los Héroes, si es que es de verdad obra de Homero.
Heródoto, Historias 4.32 (trad. A. D. Godley, 1920)
Las dos únicas fuentes que consigue nombrar son poetas, y de la segunda él mismo duda en la misma frase.
La ruta de las ofrendas
Lo que Heródoto encuentra de concreto no está en el norte: está en una isla del Egeo. Los habitantes de Delos decían recibir, todos los años, un encargo venido de allí.
Pero los delios dicen sobre ellos mucho más que los demás. Dicen que ofrendas envueltas en paja son traídas desde los hiperbóreos hasta Escitia; y, después de pasar Escitia, cada nación las recibe a su vez de las vecinas, hasta que son llevadas al mar Adriático, que es el límite más occidental de su viaje; de allí siguen hacia el sur, siendo los habitantes de Dodona los primeros griegos en recibirlas.
Heródoto, Historias 4.33 (trad. A. D. Godley, 1920)
Pausanias, seiscientos años más tarde, recoge la misma práctica con otro recorrido, y con el nombre de cada pueblo de la cadena.
En Prasias hay un templo de Apolo. Hacia allí, dicen, se envían las primicias de los hiperbóreos; y se cuenta que los hiperbóreos las entregan a los arimaspos, los arimaspos a los isedones, y de estos los escitas las llevan a Sínope, desde donde son transportadas por griegos hasta Prasias, y los atenienses las llevan a Delos. Las primicias van escondidas en paja de trigo, y nadie sabe qué son.
Pausanias, Descripción de Grecia 1.31.2 (trad. W.H.S. Jones, 1918)
Nadie abre el paquete en ninguna etapa, y por eso el contenido nunca se describe. Lo que las dos descripciones registran es el transporte.
Las muchachas que no volvieron
Antes del encargo anual, cuenta Heródoto, los hiperbóreos mandaron personas. Dos muchachas fueron a llevar el tributo prometido por la ayuda en el parto y murieron en la isla, y su tumba seguía recibiendo cabello cortado en tiempos de él.
Las muchachas y los muchachos de Delos se cortan el cabello en honor de estas doncellas hiperbóreas, que murieron en Delos: las muchachas, antes del matrimonio, cortan un mechón y lo ponen sobre la tumba, enrollado en un huso — esta tumba está al pie de un olivo, a la izquierda de quien entra en el templo de Ártemis; los muchachos de Delos enrollan parte de su cabello en un tallo verde y lo ponen igualmente sobre la tumba.
Heródoto, Historias 4.34 (trad. A. D. Godley, 1920)
Ver Artemisa. Y antes de esas dos hubo otras dos, que los delios decían haber llegado en compañía de los propios dioses.
Estos mismos delios cuentan que dos vírgenes, Arge y Opis, vinieron de los hiperbóreos, por los pueblos ya mencionados, a Delos, antes que Hiperoque y Laódice; estas últimas vinieron a traer a Ilitía el tributo que habían acordado pagar por el alivio en el parto; pero Arge y Opis, dicen, vinieron con los propios dioses, y recibieron honores propios de los delios. Pues las mujeres reunían regalos para ellas, invocando sus nombres en el himno que Olén de Licia compuso para ellas.
Heródoto, Historias 4.35 (trad. A. D. Godley, 1920)
Guarde el nombre de Olén: vuelve más abajo, con otra naturalidad.
La diosa de los partos vino de allí
El tributo que las dos muchachas llevaron era para Ilitía, la diosa que asiste los partos. Pausanias, al describir su templo en Atenas, recoge la versión de que la propia diosa había hecho el mismo camino.
Allí cerca está construido un templo de Ilitía, que, dicen, vino de los hiperbóreos a Delos y ayudó a Leto en su parto; y de Delos el nombre se extendió a otros pueblos. Los delios sacrifican a Ilitía y cantan un himno de Olén. Pero los cretenses suponen que Ilitía nació en Amniso, en el territorio de Cnoso, y que su madre era Hera.
Pausanias, Descripción de Grecia 1.18.5 (trad. W.H.S. Jones, 1918)
Ver Ilitía y Leto. El parto que vino a asistir es el de Delos, y por eso la isla aparece en todas las historias hiperbóreas.
Ábaris, y la flecha
Heródoto cierra el asunto negándose a contar la historia más famosa de todas, y aprovecha para burlarse de la cartografía de su época.
He dicho esto sobre los hiperbóreos, y baste; pues no cuento la historia de aquel Ábaris, del que dicen que era hiperbóreo, que llevó la flecha por el mundo entero sin comer nada en todo ese tiempo. Pero, si hay hombres más allá del viento norte, entonces hay otros más allá del viento sur. Y me río al ver cuántos han dibujado ya mapas del mundo, ninguno de ellos con razón; pues dibujan el mundo redondo como si estuviera trazado a compás, rodeado por el río Océano, con Asia y Europa del mismo tamaño.
Heródoto, Historias 4.36 (trad. A. D. Godley, 1920)
Ver Océano. Ábaris siguió circulando por la prosa griega incluso después de esa negativa: en Platón aparece como el dueño de un encantamiento de cura, junto al tracio Zalmoxis.
…si ya posees la templanza, como Critias aquí declara, y eres suficientemente templado, entonces nunca tuviste necesidad de los encantamientos de Zalmoxis ni de Ábaris el hiperbóreo, y bien se te podría dar ya el remedio para la cabeza; pero, si te falta todavía esa virtud, tenemos que aplicar el encantamiento antes del remedio.
Platón, Cármides 158 (trad. Walter Rangeley Maitland Lamb, 1927)
Quién vive en el camino: arimaspos y grifos
El único itinerario antiguo que atraviesa el norte entero viene de un poema perdido, y Heródoto lo resume. Es una secuencia de pueblos, cada uno más lejos, y Hiperbórea está al final.
Hay también una historia contada en un poema de Aristeas, hijo de Caustrobio, hombre de Proconeso. Este Aristeas, poseído por Febo, visitó a los isedones; más allá de ellos, decía él, viven los arimaspos de un solo ojo, más allá de los cuales están los grifos que guardan el oro, y, más allá de estos todavía, los hiperbóreos, cuyo territorio llega al mar. Salvo los hiperbóreos, todas estas naciones están siempre en guerra con las vecinas.
Heródoto, Historias 4.13 (trad. A. D. Godley, 1920)
Ver Grifos. La lista pone entre Grecia e Hiperbórea una guerra permanente por oro, y hace de Hiperbórea el único pueblo de la serie que no combate con nadie.
El templo de plumas y de cera
Delfos contaba su propia historia de templos en cuatro etapas, y el segundo de ellos se fue al norte.
Dicen que el templo más antiguo de Apolo estaba hecho de laurel, con ramas traídas del laurel de Tempe. Ese templo debió de tener la forma de una cabaña. Los delfios dicen que el segundo templo lo hicieron las abejas, de cera de abeja y de plumas, y que fue enviado por Apolo a los hiperbóreos.
Pausanias, Descripción de Grecia 10.5.9 (trad. W.H.S. Jones, 1918)
Ver Apolo. La dirección de la ofrenda se invierte aquí: el santuario más importante de Grecia manda un templo hacia allá, en vez de recibirlo.
El hexámetro que vino del norte
En la misma página, Pausanias recoge una versión sobre el origen del oráculo de Delfos, y también apunta hacia arriba del mapa.
Beo, una mujer natural del lugar, que compuso un himno para los delfios, dijo que el oráculo fue establecido para el dios por gente venida de los hiperbóreos, Olén y otros, y que él fue el primero en profetizar y el primero en cantar los oráculos en hexámetro.
Pausanias, Descripción de Grecia 10.5.7 (trad. W.H.S. Jones, 1918)
Pausanias cita los versos del himno, con los nombres de los fundadores.
Los versos de Beo son estos: «Aquí, en verdad, fue construido un oráculo memorable por los hijos de los hiperbóreos, Págaso y el divino Agieo.» Después de enumerar a otros hiperbóreos, al final del himno ella nombra a Olén: «Y Olén, que fue el primer profeta de Febo, y el primero en componer un canto de versos antiguos.» La tradición, sin embargo, no registra a ningún otro hombre como profeta, y menciona solo a profetisas.
Pausanias, Descripción de Grecia 10.5.8 (trad. W.H.S. Jones, 1918)
Es el mismo Olén del himno de Delos, y su tierra cambia según quién lo cuente. Heródoto lo llama Olén de Licia, en el sur de Asia Menor, y Pausanias lo llama igual en otro libro; quien lo pone entre los que vinieron del norte es el himno de Beo, que Pausanias transcribe.
Olén de Licia, en su himno a Aquea, fue el primero en decir que fue de esos hiperbóreos de donde Aquea vino a Delos. Después, Melanopo de Cime compuso una oda a Opis y Hecaerge, declarando que estas, aun antes que Aquea, vinieron a Delos desde los hiperbóreos.
Pausanias, Descripción de Grecia 5.7.8 (trad. W.H.S. Jones, 1918)
Las muchachas que los himnos nombran — Aquea, Opis y Hecaerge — vienen todas del mismo lugar y paran todas en la misma isla, y Opis es también uno de los dos nombres que los delios le dieron a Heródoto.
Las manzanas de oro estaban allí
Pseudo-Apolodoro localiza el huerto de las Hespérides, y al hacerlo corrige otras versiones por su nombre.
Cumplidos los trabajos en ocho años y un mes, Euristeo ordenó a Heracles, como undécimo trabajo, que fuera a buscar manzanas de oro a las Hespérides, pues no le reconocía el trabajo del ganado de Augías ni el de la hidra. Estas manzanas no estaban, como algunos han dicho, en Libia, sino en el Atlas, entre los hiperbóreos. Fueron entregadas por la Tierra a Zeus después de su boda con Hera, y guardadas por un dragón inmortal de cien cabezas, hijo de Tifón y de Equidna, que hablaba con voces muchas y diversas.
Pseudo-Apolodoro, Biblioteca 2.5.11 (trad. Sir James George Frazer, 1921)
Ver Las Hespérides. El mismo jardín aparece en el occidente en otras versiones, y por eso el autor abre la frase corrigiendo la localización.
Los hombres que criaban plumas
En Roma, el adjetivo ya se usaba como sinónimo de norte extremo, y Ovidio guarda una noticia de gente que se transformaba por allí.
Se cuenta que hay hombres en la Palene hiperbórea que suelen cubrirse el cuerpo de plumas ligeras, después de sumergirse nueve veces en el pantano tritoníaco. Yo, en realidad, no lo creo.
Ovidio, Metamorfosis 15.356-359 (texto latino)
La negativa está en el propio verso latino, y es la segunda vez que un autor antiguo escribe, dentro de la misma frase, la noticia y su descreimiento de ella.
Lo que un geógrafo pensaba de esto
Estrabón, que escribe geografía para gente que administra provincias, trata el nombre como una etiqueta antigua aplicada a lo que no se conocía.
Ahora bien, todos los pueblos del norte fueron llamados por los antiguos historiadores griegos, en general, «escitas» o «celtoescitas»; pero los escritores de tiempos aún más remotos, haciendo distinciones entre ellos, llamaron «hiperbóreos», «sármatas» y «arimaspos» a los que vivían por encima del Euxino, del Íster y del Adriático (...); y no fueron capaces de dar ningún relato exacto acerca de ellos.
Estrabón, Geografía 11.6.2 (trad. Horace Leonard Jones, 1924)
Ver Sobre los Reinos. Entre la oda de Píndaro y esta frase hay cinco siglos, y en medio de ellos queda todo lo que Grecia dijo sobre un país donde nunca estuvo.